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Cómo crear personajes según Brandon Sanderson

Cómo crear personajes según Brandon Sanderson

Los personajes son los conductores de tu novela. El lector conocerá la historia, el mundo y los giros de la trama a través de ellos. Serán sus compañeros de viaje. Y nadie quiere viajar con un aburrido. Tu trabajo es hacerles vivir, ser realistas y, por encima de todo, interesantes. Hay algo en ellos que les hace más relevantes que los meros figurantes, y hay que encontrar razones para ello.

Cómo crear personajes según Brandon Sanderson

Hoy toca crear personajes. Fuente

Por qué y cómo crear personajes carismáticos

Para que un personaje sea agradable al lector debe tener tres características principales: tienes similitudes con él (hombre común), ser alguien en quien te gustaría convertirte (superhombre) y son activos. Estos son los tres rasgos que un personaje debe tener. Siempre.

Una novela con buenos personajes y trama mediocre tiene muchas más probabilidades de éxito que una buena trama con personajes mediocres. La voz de las espadas, por ejemplo, pertenece en mi opinión al primer grupo. Eso no es una excusa para ser mediocre en algún aspecto, pero en este artículo utilizaremos los consejos de Sanderson para no tener personajes mediocres.

Rasgos secundarios de un personaje

Las características secundarias son aquellas que le añaden más profundidad al personaje pero no son necesarias que aparezcan. Esta es una lista de posibles rasgos con los que enriquecer tus personajes:

  • Tener problemas propios, ajenos a la trama pero parte de su vida personal.
  • Son consistentes, pueden evolucionar pero tienen una forma concreta sobre cómo hacer las cosas; de hecho, son más consistentes que las personas del mundo real.
  • Tiene sus propios intereses. Algo que le gusta o le apasiona. Hace que vea el mundo de una forma distinta a los demás.
  • Son expertos en algún aspecto en concreto que los diferencia de otros personajes, como si tuvieran un superpoder. Para esclarecer Sanderson utiliza a Sam de El Señor de los Anillos. Su superpoder es la lealtad inquebrantable. Eso es lo que le marca.
  • Tienen debilidades. Un punto similar a los problemas pero más íntimo, algo que es sobre ellos y no sobre cómo les afecta el mundo. Alcohólico, perezoso, cobarde, idiota, miope, egoísta, indiferente… Elige la que prefieras.
  • Caprichos. Algo similar a los intereses. Son rasgos definitorios, como gestos involuntarios o expresiones que solo él utiliza. En Salvar al soldado Ryan hay un secundario que recoge barro de todos los países en los que ha luchado.
  • Tiene amigos. Una de las formas más eficaces y sutiles de hacer un personaje carismático. Si tiene amigos, significa que tiene algo que gusta a la gente. Sus amigos hablan de sus virtudes. Sherlock Holmes es más tragable gracias a que Watson lo considera su amigo. Con los villanos y antagonistas es aún más eficaz porque hace que el lector sienta simpatía por el malvado, solo porque tiene gente que se preocupa por él. Cersei Lannister en Canción de Hielo y Fuego.

Y una vez tengas un personaje ya creado, la mejor forma de enriquecerlo es ponerlo en conflicto con otros personajes, con el escenario o la trama. Así sabrás en qué puntos destaca y qué es lo que su presencia aporta a tu novela.

De hombre común a superhombre

El hombre común es el que padece los problemas de la vida. Es lo que somos. El superhombre es el que resuelve los problemas de la vida. Es lo que aspiramos a ser. Luke Skywalker, Spiderman y casi cualquier personaje en el Viaje del Héroe evoluciona de hombre común a superhombre. Es algo que atrae al lector. ¿Por qué? Porque le permite sentirse identificado en la progresión.

El verdadero problema llega si escribes sobre un personaje que ya empieza siendo un superhombre. El tipo de personaje cuya debilidad, cuyo problema, es que es demasiado bueno en su trabajo. Alguien a quien todo le sale bien sin importar los problemas que se le planteen. No. Necesitas que tu personaje se convierta en superhombre, no crearlo directamente en ese estado.

Hacer a los personajes individuos activos

Uno de los mayores errores de los nuevos escritores es crear un protagonista pasivo. Son los que entran en un pueblo, ven los problemas y solo más adelante quieren solucionarlos. No tienen un vínculo inicial con la trama. Por ejemplo, si estás escribiendo una novela de adolescente en apuros la protagonista suele ser la amiga de quien tiene el verdadero problema. En las historias de superhéroes, estos reaccionan a las actividades de los villanos (los verdaderos personajes activos). Y queremos que el villano sea atractivo, pero no más que nuestro protagonistaUn terrible primer capítulo está escrito desde el punto de vista del protagonista observando a otros hacer cosas emocionantes.

Luke Skywalker no tendría que hacer nada si Darth Vader no estuviera volando planetas (Nicholas Cloud).

Es deber del escritor mostrar a un personaje activo, incluso cuando está reaccionando. Los personajes activos son irresistibles para el lector. En El Imperio contraataca el grupo entra por una puerta esperando cenar y Darth Vader aparece en escena. Han Solo reacciona disparando su láser contra Darth Vader, aunque no sirva para nada. Es un personaje activo.

Deben tener pasiones relacionadas con la trama, el escenario u otros personajes; aunque la gran trama de la novela les esté forzando a avanzar. Los personajes deberían estar lo más cerca posible del conflicto. Si tu libro sigue los Tres Actos, deberías mostrar a tu personaje haciendo algo interesante. Aunque no tenga que ver con la trama fundamental de tu novela. Si no se tiene cuidado puede parecer que el personaje es un observador de la historia, no un actor.

La escena de apertura de En busca del arca perdida no tiene mucha relación con el resto de la película, pero presenta a Indiana Jones.

Muestra al personaje

Los personajes cobran vida por las cosas que hacen. Incluso las más simples. Eso es lo que debes tener en cuenta desde la introducción hasta el desenlace. A la hora de crear personajes no vas a decir cómo son, vas a mostrarles haciendo lo que son. El famoso muestra, no cuentes. 

Puedes mostrar a un personaje en el modo en que describe un escenario. Al entrar en una habitación, nuestro personaje verá algo diferente. Un ladrón podría localizar objetos de valor o posibles salidas. Un mayordomo la suciedad o el desorden. Un estudioso se fijaría en la ausencia de libros. Lo que un personaje ve y cómo le ve dice mucho sobre su trasfondo.

Lo mismo sucede con los pensamientos. No deben ser usados para describir un diálogo o escena, sino que deben ser una reacción a estos. La aparición de un nuevo personaje unido al pensamiento “Odio a los pelirrojos” sirve para describir a ese personaje de forma innata a la vez que reflejas algo sobre quien lo piensa (prejuicios). También has creado un conflicto como punto de inicio para su relación. Eso es mucho mejor que un “Bran era pelirrojo”.

El diálogo con otros personajes es la forma más eficaz de mostrar los objetivos de cada uno. Pero debes tener cuidado de que su conversación no trate sobre hechos que ambos conocen, eso es infodumping. Si están hablando, uno de ellos debe estar informando a otro de sucesos hasta ahora desconocidos. El lector recibirá esa información al mismo tiempo. Los pensamientos y diálogo también sirven para recordar el estado de ánimo de los personajes.

Los personajes tenían una vida antes y más allá de la novela

Una buena forma de empezar con un personajes es preguntarse. ¿Qué es lo que quieren y por qué no pueden conseguirlo? Aunque no tenga nada que ver con la trama. Mejor aún si está en conflicto con ella. Si un personaje tiene un objetivo en la vida y la trama es algo que se interpone en su camino eso le otorgará mucha fuerza de cara al lector. Mi personaje quiere volver con su familia y para conseguirlo necesita acabar con el reinado oscuro del hechicero que va a esclavizar el mundo. Es un poco simple, pero recoge la esencia.

Si todo lo que hacen, dicen y piensan tiene que ver con la trama serán personajes más aburridos. Cometes el error de considerarlos roles, no personajes. Esto es algo a tener en cuenta cuando creas personajes del otro género. Si no tienes cuidado acabas pensando en ellos como un rol en la trama. Normalmente el interés amoroso. Y eso supone que todo lo que haga ese personaje serán acciones clásicas del interés amoroso: ser rescatado, enfadarse, reconciliarse…

No, los personajes tenían su propia vida antes de que la novela empezara. Y aspiran a conseguir algo después de que termine. La trama, para ellos, debería ser un bache. Tal vez uno muy gordo. La interrupción de la novela en sus vidas no elimina los intereses que tenían antes, debe aprender a convivir con unos y otros. Eso les humaniza.

Las debilidades del personaje

Siempre es bueno que un personaje tenga algo que le haga imperfecto. Un defecto, una habilidad de la que carece o un comportamiento inapropiado. Es otra forma de humanizar al personaje. Estas debilidades podrían subdividirse en limitaciones físicas, mentales  y desventajas.

Limitaciones físicas, limitaciones mentales y desventajas

Las limitaciones físicas son algo que pertenece al personaje pero no es culpa suya. Es lo que no pueden hacer. No pueden luchar con la espada, no pueden hacer magia, etc. Las limitaciones mentales son culpa del personaje. Son aquellos problemas que el personaje puede eliminar si se lo propone. Son arrogantes, avariciosos, o actúan sin pensar. Problemas sentimentales no entran en esta categoría. Solo actitudes internas del personaje que pueden ser removidas.

Las desventajas son limitaciones externas. Algo que afecta al personaje y sus capacidades pero que puede desaparecer si se produce una serie de circunstancias. O no. Es algo con lo que los personajes deben lidiar. La existencia de seres queridos que dependen del personaje. Un estatus social inapropiado para la trama. Ignorancia en algún tema. No son problemas que necesiten ser solucionados, pero deben estar presentes.

Algunas clases de personaje a tener en cuenta

Existen algunos personajes en tu novela que deberías tener presente. Unos serán buenos para tu novela, otros nefastos. Esta es una breve lista de los más llamativos para que estés al tanto de su presencia.

El personaje sarcástico y mezquino

Un arquetipo común en las novelas adolescentes es el protagonista que es indiferente ante el mundo, es sarcástico, mezquino, egoísta y por alguna razón sigue siendo el protagonista. Es un gran error y es lo que hace la novela aburrida. En cambio, simplemente quitando esa indiferencia del personaje consigues que sea interesante y atractivo. Es desagradable como persona, sí, pero es activo y hace maravillas. Kvothe, en El nombre de viento, es un buen ejemplo.

El interés amoroso

No hay ningún problema en que tu historia incluya romance. De hecho, es un aliciente, especialmente en novela juvenil. El problema sería que no crearas a este personaje, que le dieras un nombre, un poco de trasfondo y ¡es el interés amoroso! Hazlo profundo, dotándole de sus propios intereses y una motivación que vaya más allá del protagonista.

El recién llegado

Uno de los personajes más útiles para un escritor de fantasía es el que apenas sabe nada sobre el mundo o la trama. Te permitirá que descubra el mundo por sí mismo y así el lector irá recibiendo esa información. Es una forma de aliviar el esfuerzo de la curva de aprendizaje. El personaje aprende, y a veces está confundido pero presiente que debe seguir adelante.

Personaje: No tengo ni idea de qué está pasando pero sé que debo llegar allí y alejarme de esta cosa que me sigue.

Lector: Bien. Me apunto. Sé dónde hay que ir para que no me coman. Sigamos leyendo.

Si este personaje es el protagonista, el efecto aumenta exponencialmente. Esta es una herramienta típica en libros infantiles. Un buen ejemplo de esto es Vin en El Imperio final. Vin es una chica de los barrios bajos que sabe cómo sobrevivir en ellos, pero no sabe nada de magia, política o el trasfondo de otros personajes, lo cual le permite a Sanderson utilizarla para irnos enseñando el mundo y la trama sin que el narrador tenga que explicarlo.

El cruel hombre blanco machista racista pedófilo usurero gruñón que recibe un escarmiento

Uno de los grandes errores es crear un personaje que solo existe en la historia para que aprenda una lección. El tema es didáctico, sí; pero si la novela está centrada en su moraleja y se olvida por diseñar la trama no habrá entretenimiento para el lector. Es importante tener en cuenta que un personaje existe, respire, vive, piensa y tiene una vida más allá de la trama. Su arco de personaje puede enseñarle una lección, pero si es su única función será aburrido. Deja que los personajes vivan su vida.

Quiero enseñarle una lección a este personaje. Su ideología se opone a la mía y es un pedófilo, demostremos que se equivoca en las dos.

Y con este consejo final termina este artículos sobre cómo crear personajes para tu novela de fantasía y ciencia ficción. Espero que te haya sido tan útil como a mí. ¿Tienes algo que opinar sobre lo dicho? No dudes en dejar un comentario y si quieres estar al tanto de más artículos te invito a que te suscribas a mi lista de avisos.

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Carlos Pérez Casas

Carlos Pérez Casas nació en Zaragoza en 1989. Licenciado en Historia por la Universidad de Zaragoza. Terminó sus estudios en Trinity College of Dublin. Máster en Historia Contemporánea por la Universidad de Zaragoza. Máster en Educación para el Profesorado de Secundaria y Bachillerato. Autor de dos novelas y (por el momento) fiel participante de NaNoWriMo.

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