Aleación de ley
Reseña

Aleación de Ley

Muchas veces al terminar una saga hemos querido más. De algún modo los finales que nos satisfacen pronto parecen huecos. Brandon Sanderson nos impresionó con la trilogía original de Nacidos de la Bruma y ha decidido sacar algunas ideas del cajón para ofrecernos Aleación de Ley, una novela de fantasía en la era de la Revolución Industrial. Como era de esperar, el autor ha sabido utilizar viejas ideas y combinarlas con algunas nuevas, creando una novela entretenida. Por desgracia, lo tiene crudo para sobrevivir a sus predecesoras.

Queriendo contar el qué pasó después

Aleación de ley

La trilogía original de Nacidos de la Bruma era sencillamente demasiado buena para dejarla en el pasado. Los incondicionales de esta saga son tantos que cualquier cosa publicada en relación con ella se vendería con facilidad. Por suerte, Sanderson no nos ha dado cualquier cosa. Si bien lo tiene difícil para seguir la estela El Héroe de las Eras hay muchas cosas en Aleación de Ley que alegrarán al lector. El autor norteamericano respeta su oficio y su cajón de ideas siempre guarda algo que merece la pena incluir.

Scadrial ha evolucionado a raíz de los acontecimientos de una época donde Vin, Kelsier y los demás son poco más que leyendas. El mundo ha seguido su rumbo después de los “apaños” que le hizo Sazed. Y ahora es un planeta perfectamente normal. Sin montes de ceniza ni brumas asesinas. Pero todavía hay héroes y villanos.

Magia y tecnología, una sociedad bien diseñada

La novela sigue dando una importancia capital a los distintos metales. Al fin y al cabo, son los motores de la alomancia y la ferruquimia, por lo que merecen un lugar especial. Todo en esta novela tiene un sabor metal frío y ambiente artificial, como corresponde a una ciudad industrial. Todo tiene un aire tan decimonónico que dan ganas de montar una barricada en las calles.

La aparición de los periódicos no es solo bien recibida porque nos muestra la modernidad de una sociedad liberal, sino porque los anuncios por palabras nos transmiten la perfecta integración de los alománticos en la sociedad. Ya no son parte de la excluyente nobleza, sino que son ciudadanos corrientes cuyos servicios son muy demandados. Los brazos de peltre son buenos obreros; los encendedores, cómicos; los aplacadores, psicólogos. La magia se ofrece como un servicio a contratar, y ser alomántico es una garantía de empleo. Es asombroso (y a la vez lógico), ver que esto ha ocurrido. Le proporciona un realismo tremendo a la novela.

Intentando limitar los poderes

Un bache que algunos veían en la trilogía original era que los nacidos de la bruma eran muy superiores a los simples brumosos. El hecho de tener un único poder te situaba en considerable desventaja frente a quienes tenían los diez originales. Sanderson ha buscado limitar más aún los poderes con una norma de creación propia: solo se puede utilizar uno de ellos. Esta situación fuerza a los personajes a ser imaginativos en su proceder, atentos a las capacidades de sus enemigos. Sin embargo, no ha podido evitar darles un poco de ayuda extra concediéndoles también un poder ferruquímico. Lo cual me parece una trampa a su propia norma. Supongo que no ha podido evitar hacer a los protagonistas algo mejores. Son especiales, después de todo.

Dos personajes y medio

Nuestro personaje principal es Lord Waxiliam, antiguo vigilante en Los Áridos que tras la muerte de la cabeza de su familia se ve obligado a regresar a la civilización y comportarse como el caballero que se supone debe ser. ¿Casarme? ¿Hacer negocios? ¿Ir a fiestas? Pero si yo siento la llamada de la justicia. Es un personaje inteligente y metódico, de corte detectivesco, pero falto de carisma. Sin embargo, el buen uso que hace de sus poderes y su capacidad de innovación serán agradables para los fanáticos de la alomancia.

El mejor personaje es, sin duda, Wayne. Una mezcla entre escudero leal y secundario cómico cuya principal habilidad es la de caminar por el lado erróneo de la ley para atrapar a los malos. Cleptómano es una palabra que le define a la perfección. Si bien es cierto que él lo llama “intercambiar”, dejando algo a cambio de lo que se ha llevado. Pero es su capacidad para fingir ser otra persona (después de todo, también sabe robar acentos de distintos lugares) lo que más destaca de este personaje, el cual veremos constantemente metiéndose en el papel de un camarero, un comisario o una ancianita. El mejor.

Y el gran Oh, Dios mío, ¿por qué? de esta novela es Masari. Si Sanderson pretendía que fuera la nueva Vin se ha dado un gran tropezón, porque es un personaje anodino, inseguro y con una insana admiración por Waxiliam. Absolutamente desaprovechado.

Una novela criminal, pero hace falta un buen villano

La trama en sí no es nada del otro mundo. Si bien es cierto que la prosa de Sanderson facilita una gran velocidad de lectura y entretenimiento lo cierto es que esta novela es considerablemente inferior a El Imperio Final. Con un protagonista que se ve envuelto en una investigación criminal empujado por su afán justiciera no hay mucho margen de maniobra. Investigar, pegar unos cuantos tiros, descartar pistas falsas y averiguar el plan del malo. Sencillo. No hay grandes tramas que dejen boquiabierto ni revelaciones increíbles, tan solo una novela con la que pasar un buen rato.

El villano es algo que sí se ve poco… claro. Sus motivaciones son algo endebles y es bastante corto de miras. Solo destaca por lo que pueda hacer gracias a la alomancia, y en cómo ello ha terminado por influir en su forma de verse a sí mismo y a las gentes que le rodean. La teoría de que el poder corrompe. Lo que sí es cierto es que Sanderson ofrece una explicación verídica sobre por qué el malo final tiene que ser por necesidad el combate final. Cuando lo leáis os dejará muy satisfechos.

¿Recomiendo Aleación de Ley?

Sí. A pesar de que esta novela es como esos Final Fantasy que aspiran a emular al VII sin conseguirlo lo cierto es que esta novela es un producto final muy bien trabajado y que ofrece nuevas posibilidades para el creador de la alomancia y será del gusto de sus antiguos lectores. Aleación de Ley es una novela criminal en un escenario de fantasía, de una forma bastante más pronunciada que El Imperio Final, y complace a quienes les guste el género. Así que, si queréis comprar Aleación de Ley, podéis hacerlo en Amazon. O en Lektu.

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Carlos Pérez Casas nació en Zaragoza en 1989. Máster en Historia Contemporánea por la Universidad de Zaragoza. Es profesor, escritor de ciencia ficción y corrector ortotipográfico. Fiel participante de NaNoWriMo.

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