Lo más duro que he padecido en mi carrera de escritor ha sido volver a escribir una novela. Mi primera novela. Hablo de una novela que ya estaba autopublicada y había sido leída por lectores. En teoría cuando lanzas una novela no la tocas salvo para hacer alguna edición décimo aniversario o algo semejante. En mi caso no era un apaño de quitar dos o tres frases que no encajaban del todo. No, lo que yo hice fue volver a escribir una novela ya publicada. Y no porque quisiera, eso te lo aseguro. Sino porque llegó un momento en que tuve que elegir entre arrojarla al olvido o hacer unos profundos (muy profundos cambios) para que funcionara. A raíz de esa dolorosa experiencia, llega este artículo.

¿Deberías volver a escribir una novela?

La respuesta es no. El proceso de volver a escribir una novela es similar al de corregir un borrador. Con la diferencia de que lo haces sobre un texto que ya ha visto la luz y no deja de gritarte “¿cómo pudiste publicar esto?”. Realmente hace que te plantees tu carrera literaria. Más aún, como es tu primera novela, tiene todos los fallos que te puedas imaginar y aún más, por lo que el sufrimiento y la desesperación te acompañan a cada párrafo. Es decir, es una corrección dura de narices. Aún así la hice. Pero no te la recomiendo.

El propio Brandon Sanderson reconoce que escribió tres novelas antes de Elantris. Novelas de fantasía que quedaron en el olvido pero que, al escribir una tras otra, le sirvieron para perfeccionar su técnica. Mi caso no fue el de hacer borradores de distintas historias hasta dar con una que merecía la pena. Fue un “ALL-IN” con mi novela. La historia que hay tras la escritura y publicación es de El Señor es mi pastor es la de un universitario que un día escuchó por la radio una noticia.

El aumento de accidentes mortales entre los jóvenes este verano ha incrementado el número de trasplantes de órganos en los hospitales españoles.

No recuerdo las palabras exactas, pero la base era esa. Y con esa noticia fue como me llegó la inspiración para escribir una novela en la que toda la población necesitaba trasplantes de órganos. ¿Por qué? Porque todos estaban enfermos. Y había quienes querían sacar tajada de esa nueva demanda para hacerse un hueco en el mercado. E incluso ir más allá.

El problema fue que esa novela de ciencia ficción de 135.000 palabras la escribí en algo más de dos meses (me hice un par de NaNoWriMos de golpe por pura emoción) sin tener ni idea de sobre cómo escribir ciencia ficción. Una revisión de ortografía rápida y pa’lante. A publicar en Amazon. Y luego pasa lo que pasa.

Un argumento a favor de volver a escribir una novela: Sí, es mala.

Así de simple.

Volver a escribir una novela como esta fue muy duro. Necesario, pero duro. No te lo recomiendo.

La edición original de El Señor es mi pastor

Escribir ciencia ficción es algo que siempre tuve en mente. Era un género que me gustaba y quise aportar mis ideas. ¿El problema? Yo venía de la universidad. Licenciatura en Historia. Máster en Historia Contemporánea. Y escribí El Señor es mi pastor como si fuera un ensayo académico de trescientas cincuenta páginas sobre la minería espacial y cómo el hecho de limitar la esperanza de vida mediante criterios económicos establece una separación infranqueable entre ricos y pobres. Un manual de cómo se construyen los mayores cabrones de la galaxia.

El caso es que me puse a escribir mi novela. Las motivaciones de mis personajes, el origen de ese sistema social, la Necrosis Multiorgánica y el ascenso de las corporaciones y el anarcocapitalismo… Todo eso lo explicaba en largos párrafos donde apenas había diálogo. Si leíste la versión original de El Señor es mi pastor sabrás a qué me refiero.  Parecía un libro de no ficción. Era básicamente un proceso de worldbuilding para escritores. Y, de vez en cuando, alguien hablaba. Espantoso.

¿Arreglar u olvidar?

Había que arreglarla, me dije. Si quieres conseguir lectores no puedes ofrecerles una mala novela. Puede gustarles, o puede que no. Pero no les des algo malo. No obstante, Jaume Vincent expuso en su artículo sobre las ventajas de ser un escritor anónimo que puedes fracasar sin que nadie se entere cuando no eres conocido. Y aquí ni Dios conoció la nefasta versión original de El Señor es mi pastor. Con suerte sí acabarán leyendo la buena.

La otra opción era retirarla y fingir que nunca existió. Pero un padre no rechaza a un hijo porque saque malas notas. Le ayuda con los estudios hasta que aprende a aprender y logra el éxito por sí mismo. Además, el universo que había pensado daba para una suculenta expansión en forma de saga (la continuación de El Señor es mi pastor es Sueños oscuros y su oportunidad le llegará este año) o novelas autoconclusivas. Como ha ocurrido con El Cirujano.

Así que la arreglé. Y ahora llegan las razones por las que tú no deberías hacerlo.

Cuatro argumentos en contra de volver a escribir una novela

El asunto fue un viaje de Joseph Conrad. ¡El horror! ¡El horror! Mi alma se quebraba mientras me autoconvencía de que era mal escritor y que eso no tenía remedio. No escribía nada nuevo. No terminaba lo que empezaba. Y para colmo no aprendía nada útil que pudiera servirme en el futuro. Aquí va un primer consejo: si quieres escribir una novela, hazlo bien desde el principio. O lo lamentarás.

1. Te impide empezar a escribir una novela

Si no consigues terminar una novela no vas a empezar nuevos proyectos. Las cosas son así. Cuando te obsesionas con algo olvidas todo lo demás, incluidas algunas ideas que sí tienen futuro. Quieres escribir algo pero al mismo tiempo no dejas de darle vueltas a los cambios que debes hacer en la novela que crees que necesitas arreglar. Como consecuencia, tus nuevos proyectos son semillas que no germinan porque no les estás prestando atención. Hay una barrera que te permite visualizar esos proyectos, pero no puedes alcanzarlos.

Volver a escribir una novela es como cruzar una alambrada de espino.

Tú sigues dándole vueltas a esa novela de mierda que dices tener. Te lo repites una y otra vez, y esa sombra se extiende hacia tus otros proyectos. Todos serán igual de malos. Ojalá no hubiera tenido esta actitud negativista, pero la tuve. De hecho, si no hubiera sido por el NaNoWriMo 2015 es posible que hubiera optado por dejar el mundo de la escritura. Si no me siento frente al portátil y empiezo a teclear hasta las cincuenta mil palabras probablemente no estaría aquí. En serio, olvida esa novela desastrosa y céntrate en seguir escribiendo. Te ayudará mucho a seguir practicando tus habilidades y podrás ver una evolución paulatina en la calidad de tus textos. Escribe algo nuevo antes de obsesionarte con lo malo.

2. Te roba tiempo para escribir

A diferencia del anterior, que se refiere a empezar a escribir una novela, este punto versa sobre tu ritmo de trabajo. Finalmente has cogido una de esas ideas y has decidido convertirla en una novela. Ahora falta lo más importante, que se sentarse frente al teclado y escribir. Si eres escritor, deberías mantener una rutina de trabajo. Escribir. Corregir. Publicar. Vuelta a empezar. Ese sería el ciclo ideal en tu carrera literaria.

Tener una vocecita diciéndote que tienes que volver a escribir una novela mientras estás trabajando otros proyectos es un querer y no poder. Sin que puedas evitarlo, sigues pensando en cómo arreglar tu historia. No nos engañemos. Solucionar un desastre consume mucho tiempo. Y no solo el que pasas frente al teclado, sino también el que pasas valorando sobre qué hacer o no. Treinta y cinco mil palabras le recorté a El Señor es mi pastor. Treinta y cinco mil, que se dice pronto. Y no es que quitara párrafos enteros así a las bravas. Hubo algún capítulo que desapareció, eso es cierto, pero la mayoría fueron desgloses y fusiones hasta que todo tuvo coherencia.

Casi dos años con esta edición. Dos. El resultado merece la pena (mi conciencia ya está tranquila) pero maldita sea si no estuve a punto de lanzar el portátil por la ventana en más de una ocasión. Todo hubiera sido mejor si realmente hubiera vuelto a escribir El Señor es mi pastor, tomando la idea y empezando de cero. Pero era mi historia, la trama me gustaba y quería darle una oportunidad. Bien, al final lo conseguí.

Pero en el tiempo empleado bien podría haber escrito otras dos novelas. Novelas que de hecho empecé, pero que nunca pasaron de ser medios borradores de ciento y poco páginas. Algo que tú no quieres hacer, así que piensa bien si volver a escribir una novela que ves que no está funcionando.

3. No practicas ni mejoras tu escritura

Esto no es del todo cierto, pues aprendes a editar. Pero no es lo mismo que corregir una novela borrador tras borrador, siempre mejorando. De lo que yo hablo es de coger un bloque de trescientas páginas e ir desmenuzando lo que está mal, descubriendo que es casi todo. Eso no es editar. Mucho menos aprender a escribir. Tan solo es ir con una cimitarra dando tajos, dejando el campo de batalla aún peor de lo que estaba antes.

En el ingrato arte de arrancar lo que está podrido no he aprendido nada nuevo. Todo lo que ha desaparecido lo ha hecho porque, tras haber seguido las clases de Brandon Sanderson y haber consultado varios manuales de escritura, merecía la papelera de reciclaje. Pero sobre escribir mejor no me mostró nada que merezca la pena resaltar. Si acaso, este proceso me enseñó que es mejor hacerlo bien la primera vez para ahorrarse esta agonía. ¿Y cómo se puede hacer bien a la primera? Aprendiendo a escribir antes de escribir una novela. Lo relatos son una buena forma de ensayar, y la novela corta un experimento que nadie debería rechazar, especialmente por lo mucho que ayuda a planificar historias. Lo dicho mas arriba antes de corregir, mejora tu técnica. No hace falta que escribas novelas enteras, solo aquello que te permite experimentar y descubrir tus errores naturales.

4. Tu novela ya está por ahí pululando

Esto es muy complicado de atajar. Si escribiste una novela y alguien se la leyó, y no le gustó, va a ser difícil convencerles de que vuelvan a leerse la versión revisada. Ese lector ya está perdido a menos que otra novela tuya pegue un bombazo. Hay demasiadas novelas en el mundo y no todos estamos dispuestos a dar una segunda oportunidad. Ya intuyes que que sacarla de nuevo no granjeará la misma atención que una novela nueva.

Y tienes que volver a publicarla o actualizarla

Para colmo, está el asunto de actualizar los ebook. Cuando haces cambios, Lektu avisa automáticamente a sus clientes cada vez que una novela que han comprado ha sido actualizada, y facilita que se descarguen la nueva versión. Pero Amazon, el lugar dónde más novelas habrás colocado con seguridad, es más quisquilloso.

No les gusta actualizar los libros electrónicos y no lo hacen si no es por fuerza mayor. Tuve que enviarles capturas de pantalla de fragmentos que habían desaparecido o cambiado sustancialmente, insistir en que una cuarta parte de la novela original había desaparecido (paja), fragmentos del índice, etc. Todo eso llevó mucho tiempo (y varios intentos) hasta que aceptaron. Otra razón más para no volver a escribir una novela ya publicada. Si eres de los que tuvieron la primera versión quiero que sepas que puedes obtener la edición actualizada si vas a tu cuenta de Amazon y seleccionas Gestionar contenido y dispositivos. Ahora sí, ¡que la disfrutes! Los que aún no la conocían, que valoren por sí mismos si les interesa. Yo ya he cumplido mi labor y me voy a otros proyectos.

Ahora bien, tal y como decía Jaume Vincent, si eres un escritor anónimo pocos te habrán visto fracasar. Y mientras escribo esto veo en el Tablero de Ventas de Amazon unas tímidas ventas de El Señor es mi pastor y, eso sí, gente leyéndolo a través de Kindle Unlimited. Quizá, en un futuro, diga que todo esto mereció la pena. Pero maldita sea si podía haber avanzado en mi carrera si no hubiera tenido que hacerlo.

Volver a escribir una novela quizá dé frutos, después de todo.

El Señor es mi pastor y El Cirujano, juntos en el top 100 de Ingeniería genética.

¿Cómo evitar volver a escribir una novela que ya habías publicado?

Todo este artículo va orientado a concienciar a los nuevos escritores (a ver, que yo llevo en esto solo tres años) para que hagan los deberes antes de cometer un error garrafal. Más vale prevenir que curar es un dicho aplicable a esto de escribir una novela. Espero haberte convencido de que no lo hagas, y que optes por el camino de hacerlo bien desde el principio. Es más rápido y es más eficaz.

Volver a escribir una novela es un trabajo muy duro que es mejor evitar. Con ese objetivo en mente, es aconsejable hacer caso a la gente ya versada en estos temas (están por toda lo blogosfera) y aprender a escribir antes de ponerse a escribir. En mi caso, he perfeccionado mis técnicas de narración gracias a esas clases y manuales que antes he mencionado y, sobre todo, ahora tengo un calendario que cumplir. He organizado mi trabajo para mantener un ritmo de escritura. Porque así es como realmente se pueden escribir novelas. Avanzando en lugar de mirar atrás. Y si has tenido la paciencia de aprender antes de escribir podrás corregirlas antes de que sea demasiado tarde. Tus lectores te lo agradecerán. Y tu autoestima, aún más.

Volver a escribir una novela como El Señor es mi pastor no fue fácil.

Nueva edición, nueva portada

Hasta aquí el artículo sobre si deberías volver a escribir una novela (¡no lo hagas!). Si tienes alguna duda o quieres dejar un comentario, te invito a hacerlo. Y si quieres estar al tanto de más artículos como este te invito a que te suscribas a mi lista de avisos. ¡Nos vemos!