La primera vez que oí hablar del concepto mundo colmena fue durante una partida de rol de Dark Heresy. El concepto me chocó de inmediato. Mundo colmena. Tenía sonoridad, tenía simbolismo. Era un nombre perfecto para lo que representaba: un planeta superpoblado hasta el extremo donde lo artificial se había convertido en el paisaje. ¿Puedes imaginarlo? Estructuras metálicas y de hormigón que se extienden más allá de donde alcanza la vista, abarcando la línea del horizonte. Chimeneas industriales vomitando humo y ceniza. Enormes autopistas colapsadas. Grandes naves de transporte luchando por un hueco en el espaciopuerto. Masas humanas apretujadas en calles repletas de reclamos publicitarios y puestos de comida ambulantes. Si aquello no era un escenario de ciencia ficción, no sé qué podía serlo.

Mundo colmena

El paisaje en un mundo colmena

Industria más allá del horizonte

No mucho después me pregunté, ¿y de dónde sacan la comida? El propio trasfondo del reglamento de Dark Heresy me contestó: el agrimundo. He aquí las dos caras de la misma moneda. De este modo, con esa idea volviendo a mi cabeza años después, nace un artículo sobre cómo utilizar un agrimundo en tu novela de ciencia ficción y otro, este, sobre cómo hacerlo mismo con un mundo colmena.

La dinámica ciudad-campo, a escala planetaria

Agrimundo y mundo colmena. Industria y agricultura. Ciudad y campo. Son conceptos que no nos son desconocidos y que forman una parte esencial de nuestra vida, de nuestra economía. Cualquier especie inteligente, incluida la especie humana, que habite nuestro universo de ciencia ficción deberá solucionar el clásico problema de obtención de recursos. Por ello, me resulta necesario profundizar en los dos sectores básicos de producción: la agricultura y la industria. A escala planetaria. Si vas a crear un imperio galáctico tendrás que saber de dónde se consiguen los recursos. Y si esos lugares se pueden convertir en escenarios, mejor que mejor.

En este artículo encontrarás información sobre urbes superpobladas, su papel en la economía imperial, sus necesidades y su organización social, lo cual te permitirá crear un mundo colmena en función de lo que necesites para la ambientación de tu novela. En el último apartado, ofreceré algunas ideas o ganchos para tu novela.

Mundo colmena: industria y tecnología

El paisaje de un mundo colmena es un polígono industrial donde el verde solo existe en los reclamos publicitarios y en las preciadas zonas de recreo. Sus incontables recursos se destinan a las ciencias, la ingeniería y la productividad. La densidad de población es tan elevada que es virtualmente imposible estar solo. Y en este lugar de maquinaria y ruido es donde millones han establecido su hogar.

Producción incesante

En lo que respecta al papel económico del mundo colmena, el asunto está claro: fabricar. Aquí no se cultiva ni se cría. Se obtienen materias primas que se transforman en piezas mecánicas o directamente en ingenios industriales. Y luego se exportan. Quizá tu planeta tuviera hace tiempo vastos recursos mineros, pero con el ritmo de consumo de la hambrienta industria es muy probable que esos recursos se agotaran hace tiempo. Hay mundos que demandan constantemente nuevos productos, químicos o naves recién construidas en los astilleros. El mundo colmena satisface esas demandas y crece y se enriquece cada vez más, abriendo nuevos centros de producción, rascando algo más de espacio a un planeta que ya no tiene que ofrecer.

La producción en un mundo colmena

¿Maravilla? Esto es una simple máquina cornucopia

La tecnología te rodea allá donde mires, y tú no pareces verla. Un habitante de un mundo colmena está tan inmerso en los últimos avances en ingeniería y telecomunicaciones que si alguna vez abandonara su planeta se sorprendería del escaso nivel de desarrollo de otros lugares del universo. Los sistemas automatizados y la tecnología barata son la norma. Es posible que el dinero sea digital y nadie jamás lo haya visto. Las comunicaciones son instantáneas y no es extraño ver los más variados y estrambóticos medios de transporte. A ti no te parecen estrambóticos.

Drones de vigilancia, asistentes robóticos, tubotrenes, implantes cibernéticos, ascensores espaciales, levitadores magnéticos. Una pequeña ranura en una pared de tu apartamento vomita una comida preparada que has pedido hace tres segundos. Pantallas y luces eléctricas abarcan toda la vista. Las máquinas cornucopia, que fabrican lo que desees con solo introducir unos materiales básicos. ¿Seguro que no tenéis estas cosas en otros planetas?

Lo más caro es el silencio

Una idea que se debe tener muy presente al crear un mundo colmena es el papel que juega el ruido. La naturaleza tiene sus propios sonidos que son, por norma general, poco intensos. El ser humano, por el contrario tiene cierta predilección hacia el ruido. Sobre todo cuando se trata de comunidades humanas. Al ruido que provocamos como biorganismos hay que sumar el de nuestras creaciones. Fábricas, medios de transporte, reclamos publicitarios, músicos callejeros y tecnología del día a día producen sonidos que se entremezclan. Una ciudad en un mundo colmena debe ser más ruidosa que Japón.

La ausencia de ruido es un bien muy cotizado, por lo que es posible incluir cámaras de silencio para relajarse. Tienen la ventaja adicional de ofrecer soledad, algo que es imposible en una civilización donde caminar por la calle supone rozar tus hombros con al menos tres personas a cada paso. En mundo colmena, donde es imposible no ser constantemente empujado, el aislamiento es algo que se cotiza al alza.

Gobernar sobre billones

No es fácil administrar una población de tal magnitud y tener a todo el mundo satisfecho. Históricamente, los trabajadores de las fábricas han sido los impulsores de las mejoras laborales, y nunca lo han conseguido por las buenas. Es por ello que, partiendo de la base de que la tecnología abunda, debes configurar tu mundo colmena a partir de qué es lo que ha conseguido ese adelanto tecnológico y qué clase de sociedad se ha construido alrededor de esa premisa.

El futuro es brillante

La ciudad idílica de las torres y las cúpulas, los tubotrenes limpios y espaciosos que llevan a los honrados trabajadores a sus oficinas acristaladas. Los amables asistentes robóticos, siempre dispuestos a ofrecer ayuda. Todo brilla bajo el sol, todo reluce a higiene. El cielo es hermoso y las naves y aerocoches embellecen el firmamento. Y cuando llega la noche, ¡oh! Las luces de los edificios son un arcoiris hermoso y embriagador. Hoy es noche de ópera, ¿ya tienes tu entrada?

Esta clase de escenarios son habituales en historias donde quieren mostrar un futuro hermoso al que se ha llegado gracias a la tecnología. Los trabajos están bien pagados, la comida nunca escasea y el ocio es una parte esencial de la vida. Bienvenidos al futuro, todos pueden acompañarnos. Este es el paraíso, ¿quién no querría vivir en un lugar así?

La sucia urbe industrial

La imperiosa necesidad de aprovechar al máximo el espacio disponible ha originado que cada centímetro cuadrado del planeta haya sido ocupado. El precio del suelo en estos lugares es desorbitado y la creciente población se ve obligada a construir torres más y más altas, auténticas ciudades que se alzan por encima de las nubes y donde se hacinan millones de residentes-trabajadores. Cientos de pasarelas y monorraíles conectan estos edificios sin que sea necesario pisar el suelo jamás. Torres que quizá no abandones en toda tu vida; tu mundo es un lugar inhóspito tras siglos de contaminación descontrolada. El polvo y la ceniza cubren el firmamento. Naces, vives, trabajas y mueres allí.

Por el contrario, quizá, este mundo colmena sea subterráneo. Los cimientos de los grandes edificios han terminado por convertirse en el hogar de millones. Tu sociedad excava y excava en busca de nuevo espacio que ocupar. Tu mundo es una oscuridad perpetua que solo interrumpen las luces eléctricas que nadie se molesta en arreglar. Inmensos túneles reptan por las entrañas de la tierra y pesadas compuertas de acero bloquean los accesos a la superficie. Todo es sucio, húmedo y oscuro. El oxígeno ha pasado por los pulmones de millares antes que tú.

Mundo colmena

Las ciudades colmena de Warhammer 40K

La ciudad cyberpunk

Un aspecto mucho más oscuro, a la par que atractivo, es dotar a este mundo colmena del ambiente cyberpunk. Alta tecnología y bajo nivel de vida. La ingeniería genética y los implantes cibernéticos han mejorado a los humanos. Al menos a los que han podido pagar esas mejoras. A medida que la tecnología optimizaba al humano 2.0 las masas de Homo Sapiens han quedado relegadas a un escalón inferior, cada vez más profundo.

Esto es especialmente útil si vas a incluir una subcolmena. Una ciudad mugrienta bajo los cimientos de la gran urbe donde no existe la ley y rige el darwinismo en su variante más sádica y violenta. Este es el lugar idóneo para investigar tecnologías prohibidas o satisfacer los deseos más oscuros. Bandas de narcopandilleros y señores del crimen controlan la vida y la muerte. Las fuerzas policiales jamás se atreven a descender a las profundidades, y solo lo harán en forma de ejército cuando el baño de sangre en este inhóspito lugar se convierta en una amenaza para los que viven más arriba, en el mundo civilizado.

Ideas para tu novela

Una vez presentado el escenario, te ofrezco algunas ideas básicas con las que puedes trabajar para el argumento de tu novela. Eres libre de utilizarlas, ignorarlas o alterarlas como te venga en gana, pero creo que no será ningún problema que les eches un vistazo.

Comida insuficiente

Esta idea se presenta en la novela Los viajes de Tuf. El crecimiento exponencial de la población va a desencadenar una hambruna de proporciones catastróficas. La necesidad de obtener nuevos alimentos puede llevar a la guerra contra los agrimundos, a las revueltas del hambre o al desmoronamiento de los valores que regían la sociedad. Los motivos para esta hambruna pueden ser diversos. Desde una guerra que marcha mal y requiere de un aumento de la maquinaria bélica para dar un giro favorable a la aparición de una flota pirata que imposibilita el comercio de alimentos.

El mercado negro surge en estos ambientes. y un kilo de algas cultivadas equivale al salario de una semana. Eso a nivel de calle, a los más altos niveles de la sociedad los especuladores almacenan comida en los silos, esperando su momento para vender al más alto precio. ¿Nadie va a hacer nada al respecto?

Los que limpiamos cristales lo vemos todo

Un día más en el piso trescientos cuarenta y siete de la Torre Shelley. Los mismos dieciocho cristales que tengo que limpiar cada mañana. El capataz me ha dado exactamente veintitrés minutos para hacerlo. Números, siempre los números esclavistas. Pero un día, limpiando vigésimo segundo cristal, veo algo. Algo que lo puede cambiar todo. Algo que puedo utilizar para sacar mucho dinero. O que puede llevarme a la tumba. Eso si dejan mi cadáver. Puede haber sido un asesinato, una traición al más alto nivel de la política, un escándalo que afecta a los líderes religiosos del planeta o los planos de un nuevo modelo de motor que corporaciones rivales matarían por tener. No llego a limpiar el último cristal, pues me han descubierto y ahora empieza mi huida.

Guerras lejanas

Son muchos los mundos que viven bajo la amenaza de invasión, especialmente los planetas fronterizos con otros imperios. Sin embargo, en el caso de los mundos colmena todo se queda en una amenaza. Las posibilidades de completar con éxito la ocupación de un mundo colmena son muy reducidas. Con tal tasa de población, los soldados presentes, aunque sean un ínfimo porcentaje, representan una fuerza numérica inigualable. Más aún si son organizadas levas y milicias para defender su hogar. Eso convierte la guerra en algo inexistente en un mundo colmena; pero a las élites no les conviene la paz.

Allá donde mires, hay propaganda y noticieros sobre los graves peligros que acechan. Oficiales de reclutamiento vociferan en las calles hablando del deber de toda mujer y hombre de alistarse en el ejército. El miedo y el patriotismo deben estar bien arraigados en los trabajadores de las fábricas, para que aumenten su producción. O se alisten en masa. Y, con tal cantidad de tropas, las defensas planetarias no se resentirán si un par de millones de soldados son enviados a alguna guerra lejana, donde pueden marcar la diferencia entre la victoria y la derrota.

Apagón

Un día cualquiera, de camino a la fábrica, las luces se apagan y nunca regresan. El mundo se sumerge en la oscuridad y nadie conoce las razones. Las autoridades están trabajando en una solución, o eso creemos, porque no hay forma de comunicarse. Los más precavidos almacenan comida y baterías. Un día, comienzan a escucharse temblores en los niveles inferiores de la colmena, masas de gente que huyen aterrorizadas. ¿Qué está pasando? ¿Es acaso una invasión? ¿Un sabotaje? ¿Había algo dormido durante eones bajo nuestros pies?

Antidisturbios

No hay muchas leyes en la subcolmena, solo importa el calibre del arma. Por eso los polis no bajamos. Demasiado riesgo para tan poca paga. Es mucho mejor detener pandilleros de tres al cuarto, algún asesino ocasional y los tres o cuatro estafadores de turno. Lo típico. Pero hay días en los que el populacho se levanta con ganas de organizar una buena y es labor de los antidisturbios contener las ansias revolucionarias de los trabajadores. Ese tampoco es un trabajo que resulte agradable pero hay que hacerlo.

Escopeta

¿Os imagináis lo terrible que sería si los líderes empresariales fueran derrocados por esta chusma que tiene absurdas ideas sobre democracia y libertades civiles? ¿Por qué la gente quiere limitar al vigilancia policial? ¿No se dan cuenta de que esos sistemas están para protegerles? Sí, mi capitán, dispersar a los protestantes y atrapar a los cabecillas? Una muerte discreta en una celda. No, tal y como ha dicho, no escucharé lo que ese criminal tenga que decirme. Le juro que le asfixiaré antes de que diga una palabra. Además, ¿qué podría decirme que fueran tan importante?

Juego de tronos

Por último, está la guerra entre los poderosos. Los enfrentamientos nobiliarios por controlar barrios de la ciudad, con sus miles de millones de habitantes y sus factorías, son algo que sucede de vez en cuando. Mientras las pequeñas casas medran en luchas sin importancia los grandes nobles hacen turbios negocios con quienes, tal vez, no son de este planeta. A consecuencia de los recientes eventos, que incluyen asesinatos de cargos medios en corporaciones rivales llevados a cabo con una inusual tecnología de infiltración, se sospecha que alguien está a punto de hacer una jugada considerable. Preocupa no saber quién.

Este es, por lo tanto, un escenario de violencia al más alto nivel que terminará, por mucho que se niega, en sangre en las calles de los barrios pobres. Las escuadras de la muerte vuelven una vez más a los túneles oscuros y los asesinos cibernéticos son liberados de sus prisiones de contención. Y todo por culpa de un gobernante incapaz de tener herederos legítimos.

Libros en Amazon sobre mundos colmena

Aquí te dejo algunos link, de hecho, solo uno. Se trata de Los viajes de Tuf, de G.R.R. Martin (sí, también escribe ciencia ficción). Una suma de relatos conectados en los que se saca a relucir los problemas derivados de la superpoblación en esta clase de planetas. Cuando lea algo, te avisaré.

Espero que hayas encontrado consejos útiles en este artículo. Ahora es hora de que los pongas en práctica y empieces a darle una forma estable a esa idea difusa que tienes en mente. ¡Queremos saber más de tu mundo colmena y sus millones habitantes! Si te ha gustado o quieres aportar algo al tema no dudes en dejar un comentario. Y si quieres estar al tanto de más artículos míos te invito a suscribirte a mi lista de avisos.