Carlos Pérez Casas

Escritor de ciencia ficción y fantasía

Media distancia

Abordaje espacial en la ciencia ficción

La ciencia ficción nos ofrece nuevos campos de batalla en los que experimentar el frenético desarrollo del combate. En otro artículo hablamos sobre el armamento espacial que se podría utilizar en los combates entre dos naves espaciales. Hoy hablaremos sobre combates dentro de esas mismas naves. Hoy toca hablar de abordaje espacial.

El abordaje espacial en la ciencia ficción

Sea en medio de una gigantesca batalla espacial, o tras una astuta emboscada perpetrada por piratas, lo cierto es que podría interesarte narrar un abordaje espacial en tu novela de ciencia ficción. Las escenas de acción siempre han tenido mucho empuje. No deberías desanimarte a narrar un combate de este tipo en cifi.

Ahora bien, que tú no estés desanimado no significa que tus personajes sientan alegría ante la perspectiva. Abordar una nave espacial es un asunto muy peligroso. Más aún si se trata de una nave militar. Y que se caguen en el interior de sus trajes no debería ser extraño, pues pocos desafíos pueden superar a este. Congelación, exposición al vacío, radiación o la problemática ausencia de gravedad son algunos de los nuevos enemigos a combatir. Y los disparos no tardarán en llegar.

Los objetivos en un abordaje espacial

Existen dos secciones en la nave espacial que serán el objetivo de los atacantes: el puente, y el reactor. Estas ubicaciones representan los puntos más importantes de cualquier nave.

El primero permite controlar los sistemas de navegación de la nave y es el lugar por el que pasa todo el flujo de comunicaciones que permite organizar la defensa de la nave. Y el segundo puede hacer que todo deje de funcionar. O explote. Ningún capitán debería permitir que el enemigo se haga con el control de alguno de estos lugares. Nunca.

Si un abordaje ya resultará una experiencia violenta además quiero dar a entender lo inútil que resulta recurrir a tal acción. Al menos en lo que a naves militares se refiere. Tan pronto como una de estas secciones vitales esté a punto de ser tomada por el enemigo la otra pulsará el botón rojo que asegura la autodestrucción de la nave espacial. Esto se incluye en cualquier manual militar: ninguna nave, con los secretos de su fabricación o los códigos militares, debe caer en manos del enemigo.

Equipo y armamento

Con estas funestas premisas, será necesario pensar en qué será necesario para eliminar al enemigo sufriendo el menor número de bajas posibles. El abordaje espacial no cuenta con limitaciones morales. Los gases tóxicos podrían ser una opción muy rápida y letal que evite que el enemigo pulse el botón rojo. Si bien es cierto que su eficacia sería muy alta en caso de un ataque por sorpresa contra una tripulación desprevenida, como un sabotaje o un ataque terrorista, no es probable que en medio de un combate liberar un gas garantice nada en absoluto. Una larga vida a bordo de naves espaciales habrá enseñado, incluso a los civiles, cuáles son las prioridades en caso de peligro. Esto, por consiguiente, hace del respirador un elemento esencial del equipo.

Si se habla de oxígeno auxiliar no se puede olvidar el traje espacial. Su naturaleza y función puede variar según el nivel tecnológico del universo de tu novela o el grado de dificultad que quieras imponer sobre tus personajes. Es posible que estos trajes sean autosellables o estén fuertemente blindados, pero es una idea tentadora hacer que su fragilidad condicione las decisiones de quienes los llevan. La función de estos trajes es mantener vivo a su ocupante, algo que no pueden hacer si están agujereados.

Más equipo necesario será aquel que permita atravesar puertas, ya sea mediante la sutileza (decodificadores electrónicos o la versión más moderna que se os ocurra de una ganzúa) o la fuerza bruta (una cortadora láser, una riete o una carga explosiva). Claro que, no aportar a los personajes alguno de estos objetos puede dar un pequeño toque angustioso a la escena.

El abordaje espacial: combate y armas

Ya hemos llegado aquí y es hora de empezar a repartir plomo. Los combates de un abordaje espacial son de dos clases: a media distancia o a quemarropa. Los tiroteos desde pasarelas de tránsito, en el interior de comedores, invernaderos o en un muelle de carga son lo máximo que se puede aspirar en distancia. Los subfusiles, por su reducido tamaño y cadencia de disparo, serán buenos compañeros.

Combate a media distancia en un abordaje espacial

Los encuentros a corta distancia son mis favoritos. Porque tengo una relación especial con las escopetas cuando juego partidas de rol de Dark Heresy. Corta distancia, dispersión y mucho daño. La estrechez de los corredores es algo muy jugoso. Esta podría ser la oportunidad perfecta para meter espadas, martillos y demás aparatos primitivos en tu novela de ciencia ficción. Puede que las espadas sean más del tipo motosierra, pero la esencia es la misma. También los escudos, que bloquean los disparos enemigos.

He aquí una oportunidad para devolverle a la guerra el toque de brutalidad que debe caracterizarla en toda novela. Es cercana, es sangrienta y el más mínimo error se paga. El momento adecuado de olvidar la tecnología y comportarte como un salvaje que busca una piedra con la que golpear. Quítale la ciencia a la ciencia ficción.

Métodos de abordaje espacial

Llegar a una nave enemiga no es fácil. Si acoplar dos naves en órbita ya requiere de unas maniobras precisas, ahora se presenta la complicación de que la segunda nave no quiera recibir visitas. Por ello hablaremos de diversos métodos de abordaje.

Aproximación en un abordaje espacial

Incrustarse en el casco

Ir de A a B sin que te maten. En eso consiste un abordaje espacial. Por tanto, tiene que ser una maniobra rápida que permita estar el menor tiempo posible expuestos a las armas del enemigo. Una manera bastante inmediata de que el abordaje espacial se lleve a cabo es considerar el esquife como una especie de proyectil en sí mismo. Esta pequeña nave podría perforar el casco. Una vez dentro, abrir la compuerta exterior para que el equipo principal pueda entrar en la nave. Esto es algo que habréis visto en la película Star Trek: Beyond.

Sin embargo, si sois partidarios de este sistema debéis tener en cuenta que la tripulación del esquife sufrirá irremediablemente las consecuencias de esta colisión, lo cual podría suponer la muerte instantánea del equipo. Tendréis que ser imaginativos para ofrecer una solución para esto (antigravedad, que es muy recurrente).

Esquife de abordaje espacial

Adosar y perforar

Mi opción predilecta consiste en adosar la nave de abordaje al casco y después hacer un agujero en él. El procedimiento podría ser el siguiente: tras aproximarse a la nave, algún tipo de arpón o anclaje magnético aseguraría el esquife a la nave enemiga; después, la energía será desviada a algún tipo de taladro, perforadora o cortadora láser hasta que una brecha de tamaño considerable sea abierta; y el equipo de asalto entrará en la nave enemiga. Es un sistema más lento, sí, pero bastante más realista y lógico.

Defensas frente a un abordaje

La tripulación de la nave abordada hará todo lo posible porque los vecinos entren en su casa: saben que no vienen a buscar amigos. Por ello, los esquifes tendrán que vérselas el aterrador cañón de proximidad. Esta arma cinética de alta cadencia de disparo se usa para desplegar una lluvia de tungsteno asesino.

Esta tormenta de fuego y metal debería ser una experiencia de gran intensidad emocional para los atacantes, debido a que saben que cuanto más se aproximen al enemigo más probabilidades tendrán de ser alcanzados; a lo cual hay que añadir el desquiciante factor de que seguramente avanzarán a ciegas, sin saber lo que sucede a su alrededor. Lo cual puede ser igual o peor que ver las naves de otros equipos de abordaje ser destruidas por el fuego defensivo.

Es poco probable que el enemigo haya dejado las puertas de sus hangares abiertas dando la bienvenida al atacante, por lo que los esquifes tendrán que abrirse paso a través del sólido casco de la nave. Eso puede dar tiempo a que los defensores se sitúen en los puntos de abordaje y reciban a los atacantes desde posiciones protegidas. Mal asunto para el atacante.

El escenario

Las localizaciones de los combates deberán tener un omnipresente sabor a complejo industrial. Una nave o estación espacial es una gran infraestructura diseñada por el hombre (o por otras especies inteligentes) para permitir que la vida sea posible fuera de un mundo habitable. Con la excepción de unas escasas zonas verdes que sirvan de pulmón natural, la mayoría de los sistemas de soporte vital serán máquinas diseñadas para sustituir las condiciones elementales de un planeta habitable. Todo cuanto existe en el interior de esos ingenios está pensado para aportar la debida cantidad de oxígeno, presión, temperatura y radiación. Y ahora hay dos bandos dispuestos a llenar todo de agujeros de bala, cargas de demolición y gases tóxicos.

Luz y color

Nunca debemos olvidar que estos combates tienen lugar en un ambiente artificial donde el metal y los plásticos han sido los materiales de construcción más utilizados. No recomendaría el uso de vidrios a menos que fuera necesario. Si hay cristales rotos cuando se produzca una maniobra de alta gravedad, estos podrían salir despedidos como fragmentos de metralla, y nadie en el interior de la nave quiere morir con el cuello atravesado por el cristal de un vaso que podría haber sido perfectamente de plástico.

Para terminar estas pinceladas, falta el grado de iluminación. Si se piensa desde un punto de vista lógico, no merece la pena mantener luces encendidas, consumiendo energía, en zonas que no están siendo ocupadas, por lo que gran parte de la nave permanecerá a oscuras hasta que alguien active los sensores de movimiento (o encienda los interruptores, si eres un clásico). Esto podría aportar unos adecuadas fluctuaciones de iluminación. Por supuesto, las lámparas dañadas y las luces parpadeantes son siempre bienvenidas para aportar una adecuada atmósfera.

Descripción física

A menos que exista una deliberada predilección por el uso de colores dentro de la nave, tal vez como instrumento psicológico para aliviar el estrés que pueda generar un largo viaje espacial dentro de una lata de metal, los colores negros y grisáceos deberían ser lo más habituales. A esta escasa gama cromática pronto se le añadirán tonalidades más siniestras a medida que las explosiones ennegrezcan las zonas de impacto y la sangre empiece a teñir las zonas de combate.

Sobre la distribución, los compartimentos estancos deberían ser la norma, con puertas herméticas sellando las distintas salidas. Esto es así porque cualquier brecha en el casco supondrá la expulsión del aire de la nave, por lo que las escotillas herméticas son una prioridad absoluta a la hora de construir una nave. Independientemente de dónde vayan a ir los personajes, siempre habrá una compuerta que deberán abrir. Si no hay un ojo de buey que permita ver lo que hay al otro lado, se pueden encontrar con sorpresas desagradables.

Los escenarios que se encuentren pueden ser subestaciones eléctricas, laboratorios de investigación, cuarteles de la tripulación, talleres de mantenimiento, invernaderos, almacenes, cantinas, hangares, el puente de mando, depósitos de agua, aseos, cubiertas de observación, enfermerías, despachos de administración, etc. Por cada necesidad vital que exista, deberá haber al menos una sección de la nave dispuesta a satisfacerla.

¿Qué se escucha en un abordaje espacial?

Los sonidos deberán ser acordes a este escenario, por lo que las pisadas de las botas sobre las pasarelas de tránsito, el chirrido de las compuertas al deslizarse, el circular del aire por los conductos de ventilación y los sonidos amortiguados por las paredes metálicas deberían ser incómodos compañeros de viaje. El metal es un excelente conductor del sonido y algo que puede estar sucediendo en el otro extremo de la nave puede llegar distorsionado, aumentando la confusión de lo que esté ocurriendo a bordo.

Habrá momentos en los que el ruido sea ensordecedor, especialmente si los personajes se hayan en las inmediaciones de algún tipo de taller mecánico, procesadora de aire o el propio reactor de la nave. Un estruendo que podría ahogar los demás sonidos, incluidas las comunicaciones entre los personajes. También está el sonido de las armas, especialmente de las armas de fuego. El retumbar de las balas contra las paredes se complementa con el sonido blando al herir la carne. Las descripciones lo son todo en la inmersión del lector. Y luego llega el silencio más absoluto. Cuando una zona de la nave está expuesta al vacío sin sonido alguno.

La gente siempre susurraba cuando se escondía. Metido en un traje espacial y rodeado de vacío, Gómez podía haber estado explotando fuegos artificiales en el interior de su traje y nadie le hubiera oído, pero susurraba.

James S.A Corey, Leviathan Wakes

¿Y a qué huele?

Los olores no deberían ser muy complejos: sudor y miedo. Como ya he mencionado, la exposición al vacío es algo habitual, por lo que nadie debería combatir sin, al menos, un respirador de oxígeno (aunque lo ideal sería un traje completo que permita la exposición al vacío). De este modo, lo que el olfato captará será el olor que se acumula en el interior del traje.

Variaciones de temperatura

Por último, llegamos al tacto. Al igual que con los olores, no es probable que el traje permita ir acariciando la rugosa superficie de los muros o la grasa acumulada sobre las teclas de los terminales. Pero los personajes sí podrán percibir las variaciones de temperatura. Esto estará determinado por su ubicación en la nave: cerca del reactor, en el interior del invernadero tropical o en los tanques criogénicos que mantienen fríos los sofisticados ordenadores que controlan la nave.

Los peligros

Ahora hablaré de los peligros no humanos que acechan en un abordaje espacial. Algunos de ellos ya se han mencionado con anterioridad, pero hay otros a los que dedicaré un poco de espacio para terminar de aconsejar sobre este singular escenario de combate. Se trata de los riesgos inherentes a todo viaje espacial, multiplicados por los agujeros de balas y granadas. Vacío. Congelación. Radiación. Fuego. Da gusto luchar en el espacio.

Vacío y descompresión

Del vacío ya se ha hablado mucho y no hace falta explicar más los peligros que entraña. No puedes respirar. Punto. Sin embargo, la descompresión es algo que puede sorprender en el momento de clímax de la escena. Repentinamente, se produce un agujero en el casco. ¡Descompresión!

La descompresión tiene muy mala fama. Es peligrosa, letal incluso, pero no es exactamente como la imaginamos. No hace que el ser humano explote como Arnold en Desafío total ni (en principio) expulsa a la tripulación al espacio sin remedio. Queriendo ser breve hay tres tipos de descompresión: explosiva, rápida y lenta.

La explosiva es muy dramática (todo el aire se vacía en menos de 0.1 segundos) y se produce por una brecha de considerable tamaño en el casco (una bala no es suficiente). Teniendo en cuenta la rapidez del proceso, solo quien esté cerca del agujero podría ser expulsado por la descompresión. El riesgo más real no es ser expulsado de la nave, sino los graves daños pulmonares al escapar el aire de nuestro interior a gran velocidad. Aguantar la respiración agrava el problema, pues el aire tratará de salir a través de nuestra piel. Dolor e hinchazón. Expirar antes de una descompresión explosiva puede salvarte la vida.

La descompresión rápida es la menos peligrosa. Sigue habiendo un riesgo pulmonar moderado pero no habrá muchas complicaciones posteriores.

La descompresión lenta considero que es la más peligrosa porque pasa desapercibida. El cuerpo humano no la percibe hasta que la hipoxia empieza a hacer efecto. El cuerpo irá fallando, no seremos capaces de pensar bien. Finalmente pérdida de consciencia y muerte. Una muerte silenciosa.

Descompresión rápida en un abordaje espacial

Vale, se ha quedado sin cabeza. Pero el agujero en el casco solo ha provocado una descompresión rápida.

Congelación

Morir de frío no es un problema tan acuciante como puede parecer. Es cierto que la temperatura del espacio no es la más óptima para el ser humano. Unos -266ºC de media, en función de si estás cerca de una estrella o mirándola directamente. Pero el frío, que no es sino la ausencia de calor, requiere de un medio en el que propagarse. Y el espacio está vacío. Los cuerpos congelados en el vacío son algo que ocurre en un largo período de tiempo. Nada de esa congelación instantánea que a veces hemos visto. Poquito a poco; sin pausa pero sin prisa.

Otra historia es morir congelado dentro de tu nave. El calor del interior de una nave se expulsa gradualmente al espacio, sin importar lo bueno que sea tu aislamiento. ¿Y qué es lo que calienta la nave? El reactor. Ese mismo reactor que en el artículo sobre armamento espacial señalé como uno de los principales objetivos de los cañones enemigos. Es poco probable que se lance un abordaje espacial sin haber inutilizado antes el reactor (porque no queremos que los cañones de proximidad hagan pedazos nuestros esquifes) así que cuando entremos en la nave enemiga la calefacción llevará un rato apagada y la nave se irá enfriando (el ritmo depende de lo que el autor quiera) hasta nivelarse con el exterior.

Radiación

De todos los peligros que entraña un abordaje espacial, este es quizá el que menos debería preocupar a los personajes. Te matará dentro de unos cuantos años, no ahora mismo. Sin embargo, no es mala idea mencionar, aunque sea de forma breve, que ir por ahí haciendo agujeros al casco permite que la radiación cósmica entre en la nave o que los sellos de seguridad del reactor no tienen ese nombre por casualidad. La radiación de neutrones es la más habitual en una nave de ciencia ficción por ser el resultado de una fusión nuclear, que es detenida por los hidrocarburos. Tu traje, además de protegerte del vacío, de las balas y de los cambios de temperatura ahora tiene la tarea adicional de evitar que te irradies. ¡Qué duro es ser fabricante de trajes espaciales!

Fuego

El fuego representa un peligro doble. Por un lado, puede provocar daños con su fuerza destructiva. Para colmo, si hay microgravedad hace cosas raras como avanzar en burbujas esféricas en llamas; lo cual puede coger desprevenido a quien no esté atento.

El segundo peligro que representa el fuego es su consumo de oxígeno. Puede suponer que agote por completo las reservas de la nave si no se maneja con cuidado. ¿Sabéis esas imágenes de naves en llamas en medio del espacio? Son absolutamente falsas. La ausencia de oxígeno hará que los incendios solo sean posibles en el interior de una nave. Apagar un incendio debería ser relativamente sencillo. Bastará con abrir una escotilla para privar de alimento al fuego.

Resumiendo

¿A qué conclusión se llega con este artículo? Abordar una nave militar es un completo suicidio. No lo hagáis si no es necesario. A menos que queráis que vuestros personajes las pasen canutas.

So te ha gustado este artículo sobre abordaje espacial no dudes en dejar un comentario. Y si quieres estar al tanto de novedades te invito a que te suscribas al blog. ¡Nos vemos!

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4 Comentarios

  1. Heyven 203

    Buenas, gustó mucho el tema ya que estoy muy apegado a los combates y tengo una ídea sobre el abordaje: que los personajes se acerquen a una esclusa de aire, la hackeen (o la pirateèn, lo mismo) y listo estan en segura muerte… digo en la nave enemiga .

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