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Horizonte Rojo, de Rocío Vega (Vol. 1-3)

Siempre es agradable encontrarse sorpresas que te alegran el día. El género de la erótica nunca me ha atraído demasiado, no es lo que busco al leer una novela. Es por eso que el primer volumen de Horizonte Rojo había estado tanto tiempo en mi kindle, esperando a ser leído. ¿Ciencia ficción? Eso me mola. ¿Erótica? No tanto. Por lo que estoy para darme latigazos por haber tenido esta joyita cogiendo polvo digital. Y ahora me alegra haber descubierto a Rocío Vega como una autora a seguir los pasos si va a escribir ciencia ficción así de divertida.

Tiros y sexo, esto es Horizonte Rojo

En esta novela la trama no es enrevesada en absoluto. Ni puede ni quiere. Horizonte Rojo está escrito en formato de noveleta (20.000 palabras como máximo) y ahí no hay espacio para subtramas. Rocío Vega ha ido a contar una historia sobre Rea Kerr, líder de un grupo de mercenarios (Horizonte Rojo) que se gana la vida con negocios algo turbios y tirando de gatillo más de lo que la protagonista querría. Y, en sus ratos libres, ven qué pueden hacer para pillar cacho.

Apocalipsis suave, de Will McIntosh

Interminables bosques de bambú. Policías que persiguen a los vagabundos “¡Somos nómadas!”, exclaman ellos. Genocidio de extranjeros. Virus diseñados en el portátil de tu casa. Grupos paramilitares ecologistas. Estos son los componentes del mundo enloquecido de Apocalipsis suave donde cada nueva tragedia solo motiva mirar hacia otro lado para intentar seguir con tu vida. “El año que viene será mejor”, te mientes. No se puede escapar del fin del mundo.

Apocalipsis suave

El fin del mundo, en incómodos plazos.

En primer lugar, se agradece mucho que Will McIntosh no haya recurrido a la distopía en la que el mundo está gobernado por poderosas corporaciones o por un Estado totalitario. De eso nada, en Apocalipsis suave todo va sobre el descontrol y la cobardía individual y colectiva, por lo que es la absoluta anarquía la causante de este futuro distópico. ¿Ley? La del más fuerte; el orden es una ilusión y el Estado del Bienestar un ente inalcanzable.

Lágrimas de luz, de Rafael Marín

Lees la sinopsis de Lágrimas de luz y te engancha. ¿Ha dicho Tercera Edad Media? El sentimiento se incrementa con la portada. ¿Qué hace un laúd en una nave espacial? Compras el libro, con emoción, y comienzas a devorar las primeras páginas. Mola, pero… hay algo que no me cuadra. Es el texto. Ya mejorará… Pero no lo hace.

Las buenas ideas no siempre dan buenas novelas

La portada es muy sugerente. Fuente

Me fastidia mucho tener que hacer una mala reseña porque no es algo lo habitual. No porque me dedique hinchar los libros que leo, sino porque solo leo lo que me gusta. Si no es así se suelen quedar por el camino y nunca llegan a tener reseña, pero hay veces que acabas un libro por “obligación”, como ocurrió con Caliban’s War de la saga The Expanse (lo necesito para seguir la historia), para poder decir a ciencia cierta lo malo que es (el caso de Iacobus), o porque ya has leído demasiado y quieres ver cómo acaba. Ese es el caso de Lágrimas de luz.

El poeta y la corporación

El mundo creado es original en su idea. Trasladar la sociedad de la Edad Media a una ambientación espacial. Así tenemos poetas, señores feudales, monasterios, ideales de cruzada, etc. Las primeras treinta o cuarenta páginas de la novela son muy atrayentes. Tiene una muy buena presentación. Y es una pena, porque una vez se le cae el maquillaje se revela la auténtica naturaleza de la novela.

El universo no se expande pasadas cincuenta páginas, y con ese inmovilismo resulta que no estás ante una sociedad medieval sino a la humanidad adoctrinada con los ideales de la Conquista, marcada por los caprichos de la ciudad-ordenador de Nueva York, que actúa como un rey absoluto. Entonces parece que es una distopía, pero tampoco, porque la novela se queda sencillamente corta en ideas. Te da igual de dónde esté el protagonista, todo te parece el mismo lugar.

Es una lucha entre el hombre que quería ser poeta en una de las naves de la corporación, cantando las gestas de los guerreros conquistadores, y el que quiere criticar a esa misma corporación. A priori puede parecer una historia sobre rebeldía en la que veremos acontecimientos que nos emocionen, pero no. Lágrimas de luz es la novela de un hombre tirando piedras a su propio tejado pero por dejadez, no por compromiso.

El protagonista inactivo y los deus ex machina

Los eventos van sucediendo y el protagonista, el único que tiene punto de vista y que por desgracia nos acompañará hasta la última página, se limita a contárnoslos. Él está ahí, pero como si no estuviera, todos los que están a su alrededor son mucho más interesantes que el protagonista. Por profesión es normal que se dedique a contar las hazañas de otros, pero su pasividad es absoluta y si no fuera por los deus ex machina que tiene la novela (unos cuantos) no habría nada que contar.

Su vida es un poco así.

El monstruo venía hacia mí, pero yo no podía apartarme porque el mundo es muy duro y está lleno de dolor. No sé si el monstruo era rojo o verde, porque soy daltónico. Qué desgracia, ¿no? Podría haberme apartado mientras digo todo esto, pero la vida es cruel y debo decírtelo cada dos párrafos.

Porque Hamlet, que así se llama este pelmazo, es un tipo que nació cansado. Para colmo, es el narrador de una novela en primera persona. Eso no tiene por qué ser malo, pero si el protagonista es aburrido y estamos oyéndole hablar, vamos a hartarnos de la lectura. Eso es lo que me pasó a mí. Es Hamlet el que hace que Lágrimas de luz se vuelva aburrida por las constantes opiniones que lanza en varios puntos de la historia, hablando directamente al lector. Y es él, como narrador, el que genera el siguiente problema.

Las eternas descripciones

El gran enemigo de la novela. Hamlet habla y nunca calla. No solo en los diálogos, sino en las descripciones. Madre mía, qué cuesta arriba se hacían las páginas. No hace mucho terminaba de redactar el artículo sobre cómo describir en una novela según Brandon Sanderson. Se me metió en la cabeza la idea de la brevedad para agilizar la lectura. Lágrimas de luz es todo lo contrario, párrafos de trescientas o cuatrocientas palabras para describir a un personaje menor o el aspecto de un plato de comida. Y monólogos reflexivos cada dos por tres. Absolutamente insufrible.

¿Recomiendo Lágrimas de luz?

No. Bueno… maticemos. Solo, y digo solo, si te entusiasma la literatura densa, con descripciones muy hermosas pero excesivamente largas. Como las que te puedes encontrar en esas obras del colegio que te decían que eran clásicos pero tú no podías tragar. Si te gustan esas novelas, te gustará Lágrimas de luz. En cualquier otro caso, te resultará algo difícil de leer porque te incitará a dejar de leer. Ha sido toda una decepción.

 

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Describir en una novela: concreción y diálogo

Una novela es una historia que cuentas a través de palabras. Usas los párrafos para describir a los personajes, qué dicen y cómo actúan. Pero hay que tener cuidado. Demasiada información puede agotar al lector, poca le dejará confuso. Y decírsela directamente puede molestarle.

La frase “un perro que aún no ha sido comido” revela muchísima información en pocas palabras. Fuente.

Describir: ¿cuánto es necesario?

Lo más habitual es que el escritor describa en exceso. Ocurre siempre. Especialmente en el primer borrador. Por un lado, es lo que debes evitar; por otro, no tienes que preocuparte por ello, ya que durante la fase de revisión es algo que solucionarás. Estaría bien que aprendieras, especialmente en los primeros momentos de tu carrera, a describir lo justo, pero no hay ningún problema en escribir de más. Recortar es fácil.

Una vez dicho eso, Sanderson aclara cómo se debe describir y qué herramientas utilizar en cada caso. Las más relevantes hacen referencia al uso del lenguaje (no debe ser elevado y academicista, sino preciso), la secuenciación de la información y el uso del diálogo para descargar la densidad del texto.

Ascensor espacial: la alternativa al transbordador

Como escritores de ciencia ficción siempre estamos a la caza de conceptos y artefactos que enriquezcan nuestras novelas. No lo hacemos solo por motivos estéticos sino porque su misma existencia nos proporciona nuevas líneas argumentales y conflictos que ofrecer a nuestros personajes. Hablo, cómo no, de worldbuilding. Hoy os traigo una de esas maravillas de la ingeniería que aún no se ha hecho realidad. Pero confío en que terminará por llegar. Se trata del ascensor espacial, una obra de infraestructura mucho más realista de lo que parece y que os expongo a continuación.

¿Qué es un ascensor espacial?

En las novelas de ciencia ficción es habitual encontrar puertos espaciales donde diferentes mercancías se descargan. El comercio interplanetario parece un negocio muy lucrativo, como ya expuse en el artículo sobre minería espacial. Sin embargo, llega un momento en el que esas mercancías tienen que ir a un planeta, pues no todo puede ser consumido en las estaciones. Y nuestra enemiga la logística entra en escena.

Prisioneros del futuro

Continúan las aventuras de todopoderoso Chaka, Quehevi, Bárbara y el amplio abanico de secundarios. En Prisioneros del futuro el desesperado salto hiperlumínico para escapar del moribundo planeta Hades ha originado una brecha temporal que ha llevado a nuestros aventureros al futuro. Un futuro donde los treyanos están a un paso de conseguir la dominación sobre la Galaxia. Y eso no es lo peor, pues la IA conocida como Enjambre tiene sus propios planes. ¿Cómo salimos de esta angustiosa situación?

¡Combates espaciales!

¿Dónde y cuándo está Chaka?

Prisioneros del futuro continúa donde lo dejamos en Proyecto Armagedón. Jugar con el espacio-tiempo puede tener consecuencias un tanto peculiares, especialmente cuando no te lo esperas. Así que, de repente, los personajes se encuentran atrapados en un futuro que no es precisamente alentador y harán todo lo posible por escapar de él; lo cual se presenta en dos vertientes. Chaka, Bárbara y los demás se encuentran ante la disyuntiva de ayudar a ganar una guerra ya perdida para dar un giro a los acontecimientos de ese futuro o limitarse a encontrar una forma de regresar a su propia línea temporal. ¿Altruismo o supervivencia?

Este dilema está muy bien representado en Bárbara, que se lleva el protagonismo de la novela, pero hace desmerecer a otros personajes, especialmente Chaka, que, pese a notables participaciones, pierde su esencia granuja en esta novela y queda claramente apartado a un segundo plano (no lo negaré, es mi favorito).

Subgéneros de fantasía y ciencia ficción

¿Por qué los subgéneros son tan importantes al escribir una novela?

¿Quieres que tu novela la lean niños, adolescentes o adultos? Escribe sobre lo que les interesa. En esta segunda entrega de cómo escribir fantasía y ciencia ficción voy a hablar de los subgéneros de la fantasía ya la ciencia ficción. Brandon Sanderson afirma que el género literario viene marcado por saber entender a tu público objetivo. Cada segmento de audiencia tiene unas necesidades o tabús concretos que debes comprender a la hora escribir tu novela. Y es muy importante que los conozcas. Especialmente si vas a escribir una novela para niños.

Dentro del mundo editorial existe cierta terminología que hay que aprender a utilizar. La más básica hace referencia a la longitud de la novela. Se mide en palabras, no en páginas. La cantidad de palabras por página varía en función del formato de la novela o del tamaño de la fuente en los libros electrónicos. Lo único que se mantiene firme es el número de palabras. Empieza a pensar en esa unidad.

Sanderson explicando los subgéneros de la fantasía. Fuente.

Después llega la categorización en subgéneros. ¿Por qué esto es importante? Porque determinará hacia qué mercado se va a orientar tu novela y qué clase de contenidos va a ofrecer. ¿Significa esto que tienes que seguir estas instrucciones? Rotundamente no. Brandon Sanderson trata de mostrar unas directrices a seguir a la hora de escribir tu novela, pero no reglas inviolables. Concerlas te perite saber cuál de esas normas quieres romper, y cómo hacerlo de un modo adecuado.

Frankenstein, de Mary Shelley

Hay personajes que son de dominio público. Son tan conocidos y están tan presentes en la cultura de una sociedad que no tenemos ningún problema en ofrecer una opinión sobre ellos, sin ningún tipo de reparo o pensamiento sobre si estamos o no en lo cierto. ¿Acaso no lo sabemos todo sobre ellos? La lectura de Frankenstein me ha enseñado dos cosas que no sabía. En primer lugar, que su autora demuestra en estas páginas lo joven que era. Y, segundo, que el monstruo no fue creado con la energía de un rayo. ¿Eso te sorprende? A mí mucho. ¿No usó Frankenstein la electricidad en una alta torre siniestra para dar vida a su criatura? Pues parece que no fue así, el monstruo es el resultado de un proceso químico. ¿Qué fue de los rayos y las centellas?

¡Oh, engendro desdichado, que persigues a todos los que amo!

La verdadera historia de Victor Frankenstein

Aunque se englobe dentro de la ciencia ficción, Frankenstein es un drama. El único elemento de ciencia ficción es el instante, unos pocos párrafos, en los que Victor crea a la criatura. Después, la historia deriva en las consecuencias de sus actos y el peso que debe cargar el joven. La novela se convierte así en una danza entre criatura y creador donde la repugnancia que Frankenstein siente hacia su obra solo se ve ensombrecida por el terror que siente ante la maligna y cruel naturaleza del mosntruo.

Por lo que el argumento de la novela es el transcurso del tiempo y de la relación entre Frankenstein y su criatura. El entusiasmo, el arrepentimiento, la duda, la sospecha, el temor, la culpa, la cobardía y la tragedia.

Luna nueva, de Ian McDonald

La Luna quiere matarte

Esa era la premisa con la que nos vendieron la novela de Luna. Que no estabas a salvo en nuestro satélite. Asfixia. Descompresión. Hambre. Pobreza. Son muchas las formas de morir en la Luna. Es más, también nos dijeron que era como Juego de Tronos, por lo de las familias enfrentadas. Pero esto es Dune. La omnipresente paranoia y miedo al asesinato es algo que nos acompaña por toda la novela. Y los acuerdos no escritos sobre lo que se puede y no se puede hacer a la hora de matar recuerda mucho al Manual de los Asesinos que tanto temía Leto Atreides. Además, existe cierta admiración religiosa hacia este lugar muy similar al de Arrakis. ¿Por qué digo esto? Porque a mí Dune no me gustó demasiado y, sin embargo, toda la ambientación que ha hecho Ian McDonald me tiene fascinado.

La Luna quiere matarte. también quienes viven allí.

La guerra de Calibán

Con altibajos en sus personajes, y circunvalando

La Guerra de Calibán, la segunda entrega de la saga de The Expanse es exactamente eso: una continuación. Pese a que logra subsanar algunos de los errores de la primera entrega comete algunos nuevos e insiste en uno de los viejos. En La Guerra de Calibán el conflicto evoluciona con la aparición de una nueva amenaza en forma de monstruo/supersoldado que nadie está seguro de qué lado está. El lugar y el momento de su aparición está claramente asociado a una conspiración, ya que el mayor centro de producción alimenticio de los planetas exteriores, Ganímede, queda destruido como consecuencia de su aparición y la ruptura de hostilidades entre Tierra y Marte.

Con este elemento de alta política de fondo, asistiremos a los desesperados intentos de un padre por recuperar a su hija, una niña afectada de una enfermedad que parece ser fundamental para aquellos que centran sus siniestras investigaciones en averiguar qué es y cómo puede utilizar la protomolécula alienígena. Y luego esta Venus, claro, ese planeta cuya estructura está cambiando tras el impacto de Eros sobre su superficie. Pinta bien, ¿no?

Todo el mundo es imbécil, menos los protas. Excepto Holden, él sí es idiota.