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Abaddon’s Gate, de James S.A. Corey

Esta va a ser una reseña algo larga. Por lo que voy a ir anticipando su esencia. Que a nadie le timen con el timo de la estampita. Abaddon’s Gate no parece parte de la saga The Expanse. Es la historia de una venganza cargada de tensión para el lector cuyas ramificaciones y efectos colaterales terminan por implicar a un montón de gente, generando una segunda trama menos interesante pero llena de acción. Eso es Abaddon’s Gate. Ni más, ni menos. Es una novela de ciencia ficción tipo space opera, muy entretenida. Eso sí.

Una estructura alienígena más allá de Neptuno

La trama de la novela gira en torno a qué es el Anillo y cuál es su propósito. Para ello se ha organizado una flota terrana para investigarlo. Los marcianos también envían la suya. Y para demostrar que son un poder asentado en el Sistema Solar, los cinturinos también mandan la suya. Así que tenemos tres flotas hostiles entre sí dirigiéndose al mismo lugar. Nada bueno puede salir de eso.

Tras unas páginas de introducción, con una buena dosis de infodumping (se lo perdonamos a los autores porque sabemos que son entretenidos), nos metemos de lleno en las escenas iniciales de los cuatro personajes. Estas escenas son muy muy buenas y animan a continuar la lectura. Presentan bien a los personajes y sus motivaciones. Incluso Holden, que suele ser un poco estúpido. Después, como viene siendo costumbre en las novelas de estos dos autores, tenemos una alternancia de escenas de intriga con otras de acción que le dan muy buen ritmo a la novela. Como no podía ser de otra forma, las páginas pasan rápido.

Y todo mientras seguimos divagando sobre qué es el anillo y por qué parece tener una inteligencia algo impulsiva y con tendencia a provocar daños entre las naves humanas plegando las leyes de la física.

Cuando el olvido nos alcance

La apuesta era arriesgada. Imaginar un mundo sin memoria, ausente de odios y rencillas basadas en fenómenos históricos para construir una sociedad basada en el ahora. No hay pasado. Y el futuro será problema de otro. Como digo, Cuando el olvido nos alcance era una apuesta arriesgada. Y fracasa estrepitosamente.

Una gran idea no hace una gran novela

La idea es muy buena. Excepcional. La manipulación de las memoria es posible, y la sociedad ha aceptado que se hagan hackeos mentales con el fin de olvidar los recuerdos más dolorosos que impiden seguir adelante. Como la muerte de un ser querido. O un acontecimiento traumático. Con el tiempo, se fue germinando la idea de que eliminar el pasado (la Historia) era una buena idea con el fin de acabar con rencillas históricas y disputas.

Así que, pese a la oposición de algunos (como el movimiento de la Amapola), la gente fue olvidando el pasado y, conforme pasaban los años, todos los recuerdos del mundo antiguo quedaron olvidados.

El informe Monteverde, de Lola Robles

Hay libros pululando por ahí que pasan desapercibidos. Uno de esos libros es El informe Monteverde, una novela corta en la que conocemos la historia detrás de la traducción de una lengua alienígena. La historia es bastante simple y se inspira mucho en esas novelas de viajes típicas del siglo XIX. En cierto modo, me recuerda a El corazón de las tinieblas. Teniendo en cuenta, por supuesto, que esa era una novela sobre un viaje a la locura, y aquí el viaje es al paraíso.

Un poco de optimismo anarquista

En El informe Monteverde tenemos una historia de ciencia ficción encarada a la alegría y la admiración. No suele ser el tema habitual de la ciencia ficción, donde el gran conflicto es algún tipo de amenaza de grandes dimensiones y los esfuerzos por combatirla. Lo que Lola Robles nos presenta es una especie de ensayo social. Una especulación sobre cómo podría ser una sociedad alienígena cuando no ha sido corrompida ni por influencias externas ni por penurias internas.

Horizonte Rojo, de Rocío Vega (Vol. 1-3)

Siempre es agradable encontrarse sorpresas que te alegran el día. El género de la erótica nunca me ha atraído demasiado, no es lo que busco al leer una novela. Es por eso que el primer volumen de Horizonte Rojo había estado tanto tiempo en mi kindle, esperando a ser leído. ¿Ciencia ficción? Eso me mola. ¿Erótica? No tanto. Por lo que estoy para darme latigazos por haber tenido esta joyita cogiendo polvo digital. Y ahora me alegra haber descubierto a Rocío Vega como una autora a seguir los pasos si va a escribir ciencia ficción así de divertida.

Tiros y sexo, esto es Horizonte Rojo

En esta novela la trama no es enrevesada en absoluto. Ni puede ni quiere. Horizonte Rojo está escrito en formato de noveleta (20.000 palabras como máximo) y ahí no hay espacio para subtramas. Rocío Vega ha ido a contar una historia sobre Rea Kerr, líder de un grupo de mercenarios (Horizonte Rojo) que se gana la vida con negocios algo turbios y tirando de gatillo más de lo que la protagonista querría. Y, en sus ratos libres, ven qué pueden hacer para pillar cacho.

Apocalipsis suave, de Will McIntosh

Interminables bosques de bambú. Policías que persiguen a los vagabundos “¡Somos nómadas!”, exclaman ellos. Genocidio de extranjeros. Virus diseñados en el portátil de tu casa. Grupos paramilitares ecologistas. Estos son los componentes del mundo enloquecido de Apocalipsis suave donde cada nueva tragedia solo motiva mirar hacia otro lado para intentar seguir con tu vida. “El año que viene será mejor”, te mientes. No se puede escapar del fin del mundo.

Apocalipsis suave

El fin del mundo, en incómodos plazos.

En primer lugar, se agradece mucho que Will McIntosh no haya recurrido a la distopía en la que el mundo está gobernado por poderosas corporaciones o por un Estado totalitario. De eso nada, en Apocalipsis suave todo va sobre el descontrol y la cobardía individual y colectiva, por lo que es la absoluta anarquía la causante de este futuro distópico. ¿Ley? La del más fuerte; el orden es una ilusión y el Estado del Bienestar un ente inalcanzable.

Lágrimas de luz, de Rafael Marín

Lees la sinopsis de Lágrimas de luz y te engancha. ¿Ha dicho Tercera Edad Media? El sentimiento se incrementa con la portada. ¿Qué hace un laúd en una nave espacial? Compras el libro, con emoción, y comienzas a devorar las primeras páginas. Mola, pero… hay algo que no me cuadra. Es el texto. Ya mejorará… Pero no lo hace.

Las buenas ideas no siempre dan buenas novelas

La portada es muy sugerente. Fuente

Me fastidia mucho tener que hacer una mala reseña porque no es algo lo habitual. No porque me dedique hinchar los libros que leo, sino porque solo leo lo que me gusta. Si no es así se suelen quedar por el camino y nunca llegan a tener reseña, pero hay veces que acabas un libro por “obligación”, como ocurrió con Caliban’s War de la saga The Expanse (lo necesito para seguir la historia), para poder decir a ciencia cierta lo malo que es (el caso de Iacobus), o porque ya has leído demasiado y quieres ver cómo acaba. Ese es el caso de Lágrimas de luz.

El poeta y la corporación

El mundo creado es original en su idea. Trasladar la sociedad de la Edad Media a una ambientación espacial. Así tenemos poetas, señores feudales, monasterios, ideales de cruzada, etc. Las primeras treinta o cuarenta páginas de la novela son muy atrayentes. Tiene una muy buena presentación. Y es una pena, porque una vez se le cae el maquillaje se revela la auténtica naturaleza de la novela.

El universo no se expande pasadas cincuenta páginas, y con ese inmovilismo resulta que no estás ante una sociedad medieval sino a la humanidad adoctrinada con los ideales de la Conquista, marcada por los caprichos de la ciudad-ordenador de Nueva York, que actúa como un rey absoluto. Entonces parece que es una distopía, pero tampoco, porque la novela se queda sencillamente corta en ideas. Te da igual de dónde esté el protagonista, todo te parece el mismo lugar.

Es una lucha entre el hombre que quería ser poeta en una de las naves de la corporación, cantando las gestas de los guerreros conquistadores, y el que quiere criticar a esa misma corporación. A priori puede parecer una historia sobre rebeldía en la que veremos acontecimientos que nos emocionen, pero no. Lágrimas de luz es la novela de un hombre tirando piedras a su propio tejado pero por dejadez, no por compromiso.

El protagonista inactivo y los deus ex machina

Los eventos van sucediendo y el protagonista, el único que tiene punto de vista y que por desgracia nos acompañará hasta la última página, se limita a contárnoslos. Él está ahí, pero como si no estuviera, todos los que están a su alrededor son mucho más interesantes que el protagonista. Por profesión es normal que se dedique a contar las hazañas de otros, pero su pasividad es absoluta y si no fuera por los deus ex machina que tiene la novela (unos cuantos) no habría nada que contar.

Su vida es un poco así.

El monstruo venía hacia mí, pero yo no podía apartarme porque el mundo es muy duro y está lleno de dolor. No sé si el monstruo era rojo o verde, porque soy daltónico. Qué desgracia, ¿no? Podría haberme apartado mientras digo todo esto, pero la vida es cruel y debo decírtelo cada dos párrafos.

Porque Hamlet, que así se llama este pelmazo, es un tipo que nació cansado. Para colmo, es el narrador de una novela en primera persona. Eso no tiene por qué ser malo, pero si el protagonista es aburrido y estamos oyéndole hablar, vamos a hartarnos de la lectura. Eso es lo que me pasó a mí. Es Hamlet el que hace que Lágrimas de luz se vuelva aburrida por las constantes opiniones que lanza en varios puntos de la historia, hablando directamente al lector. Y es él, como narrador, el que genera el siguiente problema.

Las eternas descripciones

El gran enemigo de la novela. Hamlet habla y nunca calla. No solo en los diálogos, sino en las descripciones. Madre mía, qué cuesta arriba se hacían las páginas. No hace mucho terminaba de redactar el artículo sobre cómo describir en una novela según Brandon Sanderson. Se me metió en la cabeza la idea de la brevedad para agilizar la lectura. Lágrimas de luz es todo lo contrario, párrafos de trescientas o cuatrocientas palabras para describir a un personaje menor o el aspecto de un plato de comida. Y monólogos reflexivos cada dos por tres. Absolutamente insufrible.

¿Recomiendo Lágrimas de luz?

No. Bueno… maticemos. Solo, y digo solo, si te entusiasma la literatura densa, con descripciones muy hermosas pero excesivamente largas. Como las que te puedes encontrar en esas obras del colegio que te decían que eran clásicos pero tú no podías tragar. Si te gustan esas novelas, te gustará Lágrimas de luz. En cualquier otro caso, te resultará algo difícil de leer porque te incitará a dejar de leer. Ha sido toda una decepción.

 

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Los Héroes, de Joe Abercrombie

Con esta novela me ha quedado muy claro cuánto le gustan a Abercrombie las escenas de combate. Estoy muy tentado de darle el calificativo de “escrito con la sangre de los personajes”, como ya hiciera con La mejor venganza, pero reflexionando he considerado que si bien aquí la cantidad de sangre derramada es mayor, por ser una batalla, no llega al nivel de salvajismo de aquella novela. Por lo menos en Los Héroes alguno de los personajes sale bien parado.

Extra de luchas y de ambiciones. Fuente

¿Por qué luchamos?

Esa es la gran pregunta de la novela. A la cual se podría añadir, ¿qué demonios ha pasado? Tengo que decirlo: la novela es un anticlímax. Es más, el propio Abercrombie, en la novela, lo deja entrever cuando dice “la paz es un anticlímax”. Los Héroes carece de historia o incluso de conflicto. Relata los tres días de una batalla, su preparación y sus consecuencias; sin embargo, no sé cómo decirlo… No pasa nada. Todo sigue igual que al principio de la novela. Excepto por los cadáveres, claro. No es la primera vez que me pasa con una novela de Abercrombie.

Sí tiene personajes, y muy buenos. Al igual que también tiene una narrativa fluida (mucho más que en sus novelas anteriores) que satisface ese dinamismo que una novela de acción necesita. Hay mucha acción, con gran calidad en las descripciones y claridad en el lenguaje. Y son estos elementos los que hacen de Los Héroes una novela que he disfrutado muchísimo. “Solo una página más”, me decía. Promesa sistemáticamente incumplida. Quería saber más de Calder y el sargento Tunny.

Aleación de Ley

Muchas veces al terminar una saga hemos querido más. De algún modo los finales que nos satisfacen pronto parecen huecos. Brandon Sanderson nos impresionó con la trilogía original de Nacidos de la Bruma y ha decidido sacar algunas ideas del cajón para ofrecernos Aleación de Ley, una novela de fantasía en la era de la Revolución Industrial. Como era de esperar, el autor ha sabido utilizar viejas ideas y combinarlas con algunas nuevas, creando una novela entretenida. Por desgracia, lo tiene crudo para sobrevivir a sus predecesoras.

Revólveres y magia. Fuente

Queriendo contar el qué pasó después

La trilogía original de Nacidos de la Bruma era sencillamente demasiado buena para dejarla en el pasado. Los incondicionales de esta saga son tantos que cualquier cosa publicada en relación con ella se vendería con facilidad. Por suerte, Sanderson no nos ha dado cualquier cosa. Si bien lo tiene difícil para seguir la estela El Héroe de las Eras hay muchas cosas en Aleación de Ley que alegrarán al lector. El autor norteamericano respeta su oficio y su cajón de ideas siempre guarda algo que merece la pena incluir.

Scadrial ha evolucionado a raíz de los acontecimientos de una época donde Vin, Kelsier y los demás son poco más que leyendas. El mundo ha seguido su rumbo después de los “apaños” que le hizo Sazed. Y ahora es un planeta perfectamente normal. Sin montes de ceniza ni brumas asesinas. Pero todavía hay héroes y villanos.

El último deseo

Nunca he jugado a The Withcer, ni tengo planes de hacerlo en un futuro cercano, pero es imposible ignorar su existencia y, en el mundo literario, a su creador. Entre unas lecturas y otras me deambulaba por la cabeza de leer la saga del brujo cuando tuviera tiempo. Y resulta que en mi biblioteca municipal los tienen todos en perfecto estado. Ya no había más excusas para posponer su lectura. Así que cogí El último deseo y esta reseña refleja mis impresiones.

Soy un tipo peligroso y muy eficaz en lo mío

De monstruo en monstruo y cobro porque me toca

La premisa es que Geralt de Rivia es un cazador de monstruos y cobra por sus cabezas. Una especie de mercenario muy particular con gran talento y unas habilidades sobrehumanas que le hacen muy superior al soldado ordinario. Ideal para enfrentarse a criaturas y poderes malignos que la gente de a pie prefiere evitar. Y un imán para los problemas y las habladurías. Y es que alguien que escoge como profesión enfrentarse a lo peor de lo peor no es una persona con la que quieras entablar amistad.

Prisioneros del futuro

Continúan las aventuras de todopoderoso Chaka, Quehevi, Bárbara y el amplio abanico de secundarios. En Prisioneros del futuro el desesperado salto hiperlumínico para escapar del moribundo planeta Hades ha originado una brecha temporal que ha llevado a nuestros aventureros al futuro. Un futuro donde los treyanos están a un paso de conseguir la dominación sobre la Galaxia. Y eso no es lo peor, pues la IA conocida como Enjambre tiene sus propios planes. ¿Cómo salimos de esta angustiosa situación?

¡Combates espaciales!

¿Dónde y cuándo está Chaka?

Prisioneros del futuro continúa donde lo dejamos en Proyecto Armagedón. Jugar con el espacio-tiempo puede tener consecuencias un tanto peculiares, especialmente cuando no te lo esperas. Así que, de repente, los personajes se encuentran atrapados en un futuro que no es precisamente alentador y harán todo lo posible por escapar de él; lo cual se presenta en dos vertientes. Chaka, Bárbara y los demás se encuentran ante la disyuntiva de ayudar a ganar una guerra ya perdida para dar un giro a los acontecimientos de ese futuro o limitarse a encontrar una forma de regresar a su propia línea temporal. ¿Altruismo o supervivencia?

Este dilema está muy bien representado en Bárbara, que se lleva el protagonismo de la novela, pero hace desmerecer a otros personajes, especialmente Chaka, que, pese a notables participaciones, pierde su esencia granuja en esta novela y queda claramente apartado a un segundo plano (no lo negaré, es mi favorito).