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Describir en una novela: concreción y diálogo

Describir en una novela: concreción y diálogo

Una novela es una historia que cuentas a través de palabras. Usas los párrafos para describir a los personajes, qué dicen y cómo actúan. Pero hay que tener cuidado. Demasiada información puede agotar al lector, poca le dejará confuso. Y decírsela directamente puede molestarle.

La frase “un perro que aún no ha sido comido” revela muchísima información en pocas palabras. Fuente.

Describir: ¿cuánto es necesario?

Lo más habitual es que el escritor describa en exceso. Ocurre siempre. Especialmente en el primer borrador. Por un lado, es lo que debes evitar; por otro, no tienes que preocuparte por ello, ya que durante la fase de revisión es algo que solucionarás. Estaría bien que aprendieras, especialmente en los primeros momentos de tu carrera, a describir lo justo, pero no hay ningún problema en escribir de más. Recortar es fácil.

Una vez dicho eso, Sanderson aclara cómo se debe describir y qué herramientas utilizar en cada caso. Las más relevantes hacen referencia al uso del lenguaje (no debe ser elevado y academicista, sino preciso), la secuenciación de la información y el uso del diálogo para descargar la densidad del texto.

La curva de aprendizaje

Es mucho lo que quieres enseñar al lector. Nuevas religiones, sistemas políticos, leyendas… Y eso puede ser agotador. La curva de aprendizaje es la información recibida en función de las páginas leídas. Eso incluye personajes, lugares, tramas, historia o magia. Lo que muestras al lector a lo largo de la novela. Llegado a cierto punto, el lector es un experto en el libro. Ya no necesita dejar de leer durante un minuto tratando de recordar quién era ese personaje. Queremos que ese momento ocurra cuanto antes pero que la información no abrume al lector.

En las novelas infantiles y juveniles la curva de aprendizaje no solo es suave, sino que la información necesaria también se reduce. Normalmente usando menos personajes o escenarios familiares. En el primer acto se introduce a los personajes, cómo son. Una vez presentados se va revelando el escenario fantástico. Las Crónicas de Narnia es un buen ejemplo. La fantasía urbana también puede servirse de esta curva de aprendizaje más reducida.

Los lectores de fantasía y ciencia ficción adoran las curvas de aprendizaje, aunque no lo sepan. Es lo que les atrae del género y por eso están dispuestos a que el escritor les revele mucha información. Pero conviene no abusar de esa ventaja. Porque también es una barrera para entrar en la novela.

Como ejemplo de curva de aprendizaje extremadamente compleja Sanderson señala Los jardines de la luna, de Steven Erikson. Una novela que te lanza en una trama ya en marcha, sin describir qué está pasando y te oculta información relevante hasta un punto muy avanzado de la historia. Es arrojar al lector al mar sin saber nadar. Muchos se ahogarán.

Brevedad y concreción al describir

Aquí Sanderson está hablando del lenguaje, de la elección adecuada de palabras y estructuras gramaticales. Para ello hay cuatro ideas básicas: ser breve, ser preciso, duplicar el trabajo de las oraciones y recordar que existen cinco sentidos.

Brevedad

¿Por qué es bueno ser breve? Porque así el lector no se aburre. Si no está aburrido se implica en la historia, lo que significa que sigue leyendo y está satisfecho con la historia. Te permite acabar cuanto antes ese párrafo y poder avanzar al siguiente. Menos palabras por párrafo significa menos palabras en la novela, lo que reduce su tamaño.

Breve no significa corto. No exactamente. Es cierto que implica “menos palabras”, pero lo que es breve hace referencia a lo que no sobra. La brevedad es el arte de describir lo que es necesario. Y punto. ¿Qué es importante que el lector deba saber ahora? Puedes ir revelando información según la novela avanza, estableciendo unos cimientos sobre los que construir con solidez tu construcción de mundo. Lo que no necesitas ahora mismo no necesita ser explicado. Cíñete a las prioridades. No es necesario explicar el worldbuilding de tu novela en el primer párrafo, ni en el primer capítulo. 

Concreción

La concreción facilita el progreso por la curva de aprendizaje. Ser lo más específico posible para que el lector perciba en su imaginación lo mismo que nosotros hemos imaginado. La concreción implica revelar gran cantidad de información para dejar algo claro. Lo cual se contradice con la brevedad. Para ayudarnos con esta paradoja está la gran herramienta para describir que es la pirámide la abstracción.

Este término hace referencia a cuánta información revela una palabra o grupo de palabras en relación con sus sinónimos. Es algo por lo que no debes preocuparte al escribir el primer borrador. Escribe y punto. Pero durante la revisión deberás trabajar este aspecto. ¿Cómo puedo decir más y mejor con menos palabras?

Amor es abstracto, pero no porque sea una palabra abstracta sino porque puede ser amor maternal, romántico, por la naturaleza o por una afición. No es una palabra concreta. Lo mismo que perro. Es ambiguo. Necesitaríamos más palabras para describir un perro en concreto, lo cual no hace el párrafo más breve. Mastín o chucho son palabras más precisas. Indican una relación con la caza o un desprecio hacia los animales.

Un perro que aún no ha sido comido es una oración muy concreta. Revela pobreza, miseria, hambruna hasta tal punto que la gente está tan desesperada que mataría y se comería a un perro si tuviera los medios para darle caza. Y es mucho más breve.

La pirámide de la abstracción.

Duplicar el trabajo de las oraciones

En la búsqueda de esta prosa perfecta que nos ayude a describir hay una criatura mitológica: la oración ideal, la que cumple más de un propósito. Sirve para describir al personaje y al mundo. O al personaje y la trama. Si un personaje entra en un habitación y hay agujeros de bala y una luz parpadeando acabas de describir escenario y trama.

Si no puede ser la oración, que sea el párrafo. En un párrafo de tres líneas una describe escenario, otra retrata la forma de ser del personaje y la última hace avanzar la trama. Eso puede ayudarte a perfeccionar tu técnica en tus primeras novelas. ¿Por qué debe servir a más de un propósito? No quieres usar palabras extra para decir algo ni tener que repetirte para aclarar lo que has dejado difuso. El párrafo adecuado puede ayudarte con ello. Esto es muy difícil y no lo vas a conseguir en tu primer borrador. El proceso de revisión de tu novela es lo que te va a ayudar a que esto se cumpla. Junto con la experiencia de haber escrito varias novelas. Pero aún falta camino hasta ese momento.

Cinco sentidos

Algo que puede servir para describir con precisión es el simple recordatorio de que los humanos tenemos más de un sentido. Usar sonidos y olores puede ayudarte a especificar en las descripciones. Volviendo al perro, al chucho, el olor de su pelo mojado y mugriento puede describir al resto del perro. Lo mismo que el viento agitando el pelo del personaje y obligándole a caminar mirando al suelo embarrado.

El mundo lo hacen sus personajes

Los bloques de texto no le gustan al lector. Especialmente si como autor pretendes convertir una imagen en mil palabras. Los autores inexpertos describen meticulosamente un escenario, especialmente en el primer capítulo, sin prestar la necesaria atención a los personajes o a la trama. Lo ideal sería que el primer capítulo presentara trama y personaje, dejando el escenario para más adelante.

Los lectores no quieren ver cosas, quieren ver movimiento. Quieren ritmo. Ten presente que un párrafo debe cumplir más de una función. Si solo describe escenario hay que sustituirlo. Si quieres describir un escenario, haz que el personaje interactúe con él. O que sus características influyan (normalmente como obstáculo) en la trama. Un río desbordado que bloquea la frenética huida de los personajes, por ejemplo.

Describir con infodump, el gran error

El proceso de revelar información directamente al lector. Sin intermediarios. El narrador se limita a describir un aspecto del mundo o de los personajes sin preocuparse de hacerlo sutil. Esto es especialmente peligroso al principio de una novela, donde el lector puede molestarse de que se le esté explicando política y geografía como un curso de introducción a su novela. Muchas novelas de fantasía cuentan con un prólogo de introducción que describe el mundo antes del inicio de la historia. Sin que tenga una relación directa con la trama. El mejor ejemplo de esto es la escena de apertura de la película La comunidad del anillo, donde se nos muestra la forja de los anillos y la caída de Sauron. Aunque no haya relación directa con el joven Frodo viviendo tranquilamente en La Comarca. Sabemos que la hay pero… ¿no hubiera sido más interesante descubrirla junto a Frodo?

El infodump puede hacer que el lector se aburra. ¿Por qué el narrador me está contando esto? ¿Por qué estos personajes están hablando de algo que todos ya saben? Es el peligro que queremos evitar. Existen dos formas muy sencillas de evitar el infodump: la discreción y la mediación del personaje.

Discreción

Entre varias líneas de diálogo, unas pocas frases selectas sobre el escenario o la trama. Pocas palabras, mucha información. El mencionado perro que aún no ha sido comido podría ser una oración entre el diálogo de dos recién llegados al pueblo que sencillamente estaban hablando sobre cómo ganarse algunas monedas.

Mediación del personaje

La mediación del personaje ocurre cuando, al contemplar un escenario o recibir información nueva este la pone en contraste con lo que ya sabe, generando conflicto. En ese momento el personaje puede reflexionar sobre los acontecimientos, revelando información que el lector necesita. Es mucho más útil si el personaje no sabe nada del mundo, así que descubre nueva información de la mano del lector. Vin, en El Imperio final. Otro tipo de mediación del personaje es el uso de la primera persona, que te permite hacer trampa en este sentido.

La primera página

Un gran párrafo inicial de descripción al principio del libro es un completo suicidio. Ningún lector pasará de esa página. Si tienes suerte, el lector simplemente se la saltará, porque es consciente de que en un momento u otro sabrá todo lo que le han contado ahí. La toma de contacto del lector con la novela debe ser un gancho de gran importancia. La mejor forma es presentando un personaje realmente interesante o una situación de suspense que incite a la curiosidad. Si logras que el lector llegue a la segunda página hay una alta probabilidad de que llegue a la última.

Diálogos

Los diálogos son una de las partes fundamentales de la novela. Nadie puede negar que ha habido tramos de alguna novela en la que hemos saltado los párrafos descriptivos y hemos leído exclusivamente los diálogos porque sabemos que ahí está lo importante. Todos lo hemos hecho. Ahora que te lo he recordado, es hora de que pongas la información relevante en los diálogos.

Diálogos para describir el escenario

El diálogo puede ayudarnos a describir el escenario sin necesidad de párrafos explicativos. Ya sea mediante una descripción directa “—¡Mira la altura de esas murallas!” o a través de acotaciones entre diálogos “Nada bueno ha pasado aquí. —Gilberto caminó sobre los cristales rotos y se giró hacia los demás—. Será mejor continuar.” que ayuden a describir.

Diálogos para identificar al personaje

El lector necesita saber quién está hablando y para eso sirven las acotaciones, interrupciones en el diálogo que aclaran quiénes son los personajes de la conversación. Este recurso es inseparable de la novela; sin embargo, no basta con incluir una acotación, hay que incluirla en el lugar adecuado para que mejore la lectura. Y el lugar adecuada raras veces es el final del diálogo.

—Fui al mercado y vi que el pollo tenía buen aspecto. Así que fui a casa a preparar la cena —dijo George.

—Fui al mercado y vi que el pollo tenía buen aspecto —dijo George—. Así que fui a casa a preparar la cena.

Lee de nuevo los dos ejemplos, aportan la misma información. ¿Diferencias? En el primer ejemplo el lector debe esperar hasta el final del texto para averiguar quién lo ha dicho (o bien se saltará parte de la información o bien tendrá que leer una segunda vez la oración), mientras que en el segundo se revela al interlocutor antes de que el mensaje concluya.

Sanderson recomienda poner la acotación lo más cercana al principio. La única excusa para no hacerlo es si interrumpe una oración importante o si queda antiestético. Y si esto sucede lo mejor es colocarlo incluso antes de la oración.

George se volvió hacia Karen.

—Fui a la tienda y vi que el pollo tenía buen aspecto. Así que fui a casa a preparar la cena.

Es lo que Sanderson llama un cebo. Un método de introducir al personaje, preparando al lector, y luego transmitir la información. Sin embargo, recomienda no abusar de este último elemento porque extiende la longitud de la novela y puede resultar antiestético en grandes cantidades.

Por último está el diálogo entre dos personajes. La facilidad para introducir nombres hace que sea muy fácil identificar al hablante sin necesidad de acotaciones.

—¿Qué haces, George?

—La cena. He estado en el mercado y el pollo tenía buen aspecto.

—Perfecto. ¿Sabes que mañana tenemos cita en el médico?

—Sí, Karen. Esta vez seré puntual.

Diálogos para conocer al personaje

Volviendo a lo de familiarizarse con el personaje, toca hablar de la forma de hablar que tendrán tus personajes. Es posible usar la conversación para conocerlos. De hecho, es una herramienta que deberías perfeccionar desde tus primeros escritos, pues te permitirá dar a conocer a los personajes sin necesidad de describir.

Esta particular forma de hablar que tengan puede hacer referencia a su pasado y sus habilidades. Y definir quiénes son mientras la escena gana dinamismo.

Robert Jordan tenía un personaje de trasfondo pesquero. Así que, pese a que era una mujer de poder y cultura, siempre utilizaba metáforas pesqueras. Aunque fueran expresiones que un verdadero pescador jamás utilizaría.

El diálogo no solo debe transmitir el mensaje (la información de la trama o el escenario que quiere revelar al lector), sino que debes intentar que el modo en que se dice permita identificar al orador sin que sea necesaria una acotación. De nuevo te ahorrarías las acotaciones. Consejo: Cuidado con el argot y los dialectos, pueden confundir al lector hasta que tengan claro el significado de las palabras.

Diálogos con muchos personajes

Habrá algunas ocasiones (intenta que sean las mínimas) en las que habrá muchos personajes en una escena hablando. Este reparto de información y opiniones puede generar un agotamiento para el lector al no poder seguir a tanta cantidad de personajes. Si te ves obligado a hacer diálogos multitudinarios al describir una escena lo mejor es que te hagas unas anotaciones previas sobre la información que quieres transmitir y qué personajes son los más adecuados para hablar de ello.

Elige a dos personajes para que lleven las riendas de la conversación, a ser posible con posturas enfrentadas, y deja que hablen entre ellos. De vez en cuando, de forma espaciada, como para liberar presión, haz que otros personajes intervengan con una opinión concreta, y luego vuelve a tus dos principales. De este modo el lector puede seguir el texto de forma más fluida mientras mantienes ese gran número de personajes en tu escena.

Dijónimos

Muy relacionado con las acotaciones está el asunto de los dijónimos. ¿Los qué? Los verbos que definen acciones de diálogo. Decir, hablar, expresar, gritar, susurrar, cuchichear, preguntar, responder, gimotear, aventurar, corregir, espetar, acusar, manifestar… la lista es ciertamente larga. Sentirás la necesidad de utilizar muchos de estos para dar la impresión de que dominas ampliamente el castellano y tienes muchos recursos. Pero ten muy presente que las acotaciones son invisibles. Y eso es algo que debes incentivar. A diferencia de lo que sucede al describir, no quieres usar la palabra correcta (“trepar” en lugar de “subir por la pared”) sino la que menos llame la atención.

Por eso Sanderson recomienda abusar de “decir/dijo/dije” en la medida de lo posible. No quieres interrumpir al lector con una palabra entre diálogos, quieres que atienda a la información del diálogo. Recuerda: siempre que sea estético, nada de miles de continuos “dijo” en tu novela.

Seguiremos con las clases

Lo dejaremos aquí, que hay mucha información que procesar y tal vez quieras releer algunos párrafos hasta despejar tus dudas. Si es tu caso deja un comentario y si quieres estar al tanto de más artículos te invito a que te suscribas a mi lista de avisos.

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Carlos Pérez Casas

Carlos Pérez Casas nació en Zaragoza en 1989. Máster en Historia Contemporánea por la Universidad de Zaragoza. Es profesor, escritor y corrector ortotipográfico. Autor de dos novelas (El Señor es mi pastor y El alguacil) y, por el momento, fiel participante de NaNoWriMo.

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